Desde la astronomía a la genética pasando por la antropología, la biomecánica o la física teórica, la ciencia ha vivido en el pasado año y que condicionarán lo que se investigue y cómo en 2013.
FOTOGRAFÍA (bosón de Higgs): Pablo J. Casal
2012 pasará a los anales de la Historia como uno de los mejores años para la ciencia en mucho tiempo. Empezando por la “madre de todas las grandes proezas”, el inicio del descubrimiento (todavía no se ha completado, que el diablo está en los detalles) del bosón de Higgs, que ha terminado en la portada de la revista ‘Science’, una de las Biblias laicas de la comunidad científica. Pero no es el único, hay más hechos fundamentales, en casi todas las ramas y disciplinas, que van a cambiar el futuro del ser humano para siempre.
Entre otros, hay que citar la llegada del robot Curiosity a Marte, otro hito aeroespacial para la NASA, con un poco de colaboración de Europa (también de España, que desarrolló la estación meteorológica); dimos un gran paso en la comprensión del origen del ser humano con la secuenciación del ADN de los denisovanos, uno de los eslabones separados del árbol del Homo de hace entre 82.000 y 75.000 años. A partir de unos gramos de material de una pequeña falange de una niña de esta especie se ha conseguido en el Instituto Max Planck de Alemania la secuencia de su genoma.
La medicina dio una auténtica zancada en las futuras terapias génicas con la producción de óvulos en ratones a partir de células madre, experimentos previos que deberían llevar, con el tiempo, a la creación de órganos nuevos surgidos de nuestras propias células. Menos conocidos pero igual de vitales fueron las primeras interfaces entre cerebro humano y máquina en paralíticos, un punto de la biomecánica que permitió a una mujer tetrapléjica mover un brazo artificial. Igualmente la transformación de neutrinos de un estado a otro tiene cabida: otro paso más en la comprensión del universo. Experimentos realizados en China y EEUU han permitido comprender que los neutrinos y los antineutrinos pueden cambiar de estado en ambas direcciones de su naturaleza, una buena pista para entender por qué en el universo hay más materia que antimateria.
Así ve Pablo J. Casal, metafóricamente, el descubrimiento del bosón de Higgs
La ciencia también siguió utilizando las propiedades de la radiación para conseguir más avances: un láser de rayos X tan potente que es capaz de alcanzar la estructura microscópica de los parásitos que provocan la enfermedad del sueño; una maquinaria que en sí misma ya es un avance determinante en la ciencia. También dentro de la medicina y la biología surgió la victoria del proyecto ENCODE, que ha permitido comprender mejor el ADN humano y saber qué utilidad tenía el 80% del material que lo conforma: fundamentalmente proteínas que son las instrucciones mecánicas de los genes, que los activan o desactivan. El ADN es muchísimo más funcional y práctico de lo que se creía. La naturaleza, una vez más, demuestra que nunca hace nada espúreo o inútil.
Finalmente otro ejemplo de desarrollo: las partículas de Majorana, un tipo especial con la propiedad de actuar como su propia antimateria y aniquilarse a sí mismas. Lo que le faltaba a la Física Teórica eran partículas suicidas. Un equipo holandés logró por primera vez este año evidencias de su existencia en forma de cuasipartículas, grupos de electrones que interactúan entre sí como si fueran individuales, asociándose.
La genética, de las que más destacan
En los últimos años, sin duda, una de las ramas de la ciencia que más ha avanzado es la genética, que ha recorrido mucho trecho en poco tiempo gracias a los programas que han permitido la secuenciación del genoma humano y de otras especies animales. Las células madre, con o sin polémica por su uso (se sigue investigando les guste o no a los conservadores, se le sacará partido sí o sí), sólo son una parte más de la larga cadena de mejoras estructurales que podrían revolucionar la medicina en los próximos cien años, hasta el punto de cambiarla para siempre. Este mismo año la nueva tecnología denominada Talen permite a los genetistas alterar, inactivar o modificar los genes de organismos vivos, lo que abre la puerta a poder alterar nuestro ADN para curar enfermedades incluso en su proceso de desarrollo. Otro descubrimiento vital de este año ya lo hemos contado en el reportaje central: el proyecto ENCODE, que ha permitido saber para qué sirve el 80% del material genético humano y que hasta ahora se consideraba algo así como “basura genómica” porque no contenía información vital, pero sí fundamental para entender por qué algunos genes se activan y otros no. El siglo XXI pinta bien para los genetistas.
El robot Curiosity en los laboratorios de la NASA meses antes de ser enviado a Marte
El bosón y Curiosity, los más mediáticos
Los que más portadas de periódicos, revistas, informativos y horas de televisión y contenidos en internet generaron fueron la llegada a Marte de una sonda mecánica más, Curiosity, y el pequeñísimo e ínfimo bosón que ha obsesionado durante décadas a los físicos: el del señor Higgs, que ha vivido lo suficiente como para ver confirmada su teoría de los años 50 y 60 sobre esta partícula subatómica que permite explicar por qué existe la materia. La proeza fue del CERN, el mayor proyecto investigador del mundo financiado con dinero europeo pero en el que han participado científicos de todo el mundo. Por otro lado, un robot dejó al mundo en vilo siete minutos para luego volver a poner un ingenio humano en otro planeta. El robot Curiosity viajó hacia un cráter marciano con una sola misión: encontrar rastros fidedignos de vida bacteriana o cuando menos de las condiciones básicas para que haya o hubiera habido vida en el planeta rojo. Los siete minutos de desconexión de la sonda en los que apenas se oía un zumbido se hicieron eternos para la NASA: es el tiempo en el que no saben si se ha estrellado, si ha aterrizado bien o si se ha pulverizado en la entrada atmosférica. Pero salió de manual, y gracias a eso empezó el aluvión de fotografías y datos sobre la superficie de Marte, que ha evidenciado que hubo agua en abundancia y que, probablemente, con excavar unos centímetros se podría encontrar hielo en la superficie.