La ciencia y España no se llevan bien, nada bien, sobre todo cuando por un puñado de euros se clausura uno de los pocos intentos de divulgación seria y organizada que existen.

Cosmocaixa Madrid, museo dedicado a la divulgación científica y ubicado en Alcobendas desde el año 2000, cierra hoy sus puertas de manera definitiva ante la “total decepción” de sus trabajadores, que recogieron 300.000 firmas contra su clausura por parte de la obra social de la Fundación La Caixa. Su web ya ni siquiera existe. Una sentencia a muerte que deja a Madrid sin una de las anclas de la ciencia y la divulgación, sobre todo cuando el Museo de Ciencias Naturales es el pariente pobre y olvidado de la ciudad.

El cierre del museo estaba previsto para agosto de 2013, pero se retrasó gracias a la presión de los trabajadores, que ahora denuncian que la fundación “deja en la calle” a unas 50 personas, y que el Ayuntamiento de Alcobendas (del PP) “ha dado la espalda” a los empleados. El museo, es importante decirlo, no era un fracaso: recibía 300.000 visitas anuales, muchas más que otros centros educativos o museos de Madrid y las ciudades de alrededor, de las cuales 90.000 eran de escolares. Era el único centro de toda la comunidad madrileña que ejercía la divulgación científica mediante exposiciones temporales y una permanente, un planetario digital y un jardín de rocas con muestras procedentes de la península Ibérica.

La decisión se tomó en febrero y la Fundación La Caixa anunció la decisión de “reorientar” su programa para “incrementar su impacto y número de beneficiarios”, lo que se traducía en el fin del museo. Los trabajadores crearon la plataforma No al cierre de Cosmocaixa y han denunciado repetidas veces cómo la autoridad municipal ha dado largas para paliar la situación. Según el alcalde, Ignacio García de Vinuesa, la sustitución será efectiva porque el Gobierno debería trasladar allí el Museo de la Ciencia. Si bien las gestiones siguen adelante, no hay una decisión final todavía.

Según ha señalado un portavoz de la plataforma y trabajador del centro, Jorge Arribas, los empleados que pertenecían a la Fundación han tenido la opción de ser reubicados en otros centros localizados en Madrid —aunque esa sala está dedicada al arte—, Barcelona o Zaragoza. Según Arriba ya se han ido a la calle una veintena de trabajadores y temen que el centro quede cerrado y abandonado más de un año.