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5 razones para ver ‘Cómo acabar con tu jefe’

Sin título

Ya lo avisamos, el pasado día 2 de este mes, de que ‘Cómo acabar con tu jefe’ tenía ese inconfundible olor a gran producción para palomitas. Después de ver el preestreno, hay tantas razones para verla (cinco, nada menos) como para no verla, pero eso mejor no contarlo, porque igual cada una de las primeras podría ser un motivo para no pagar la entrada. Ante la disparidad de criterio del público, que bailó entre el amago de irse a los diez minutos y la carcajada abierta y sincera. Para gustos, colores, o en este caso, mejor dicho, el tipo de humor que es la base de la película, la stand-up comedy salida de garitos de Brooklyn, Chicago o Los Ángeles, y que nada tienen que ver muchas veces con el público español.

Razones para verla:

1. Jennifer Aniston en el papel de zorra recalcitrante: lo borda, al menos con el doblaje al castellano, que luego habrá que verla en el original en inglés. Y con permiso de la palabra, que es una de las más repetidas en una película muy subida de tono en el lenguaje, inconfundible en la mano de Seth Gordon, que hace de director y cuela su particular visión.

2. La combinación del trío protagonista: desde Jason Sudekis a Jason Bateman, pasando por el todavía desconocido (en España) Charlie Day. Más que uno por uno por separado habría que quedarse con las escenas de conjunto de los tres: hierático Bateman, exagerado Day, mucho más del estilo Saturday Night Live Sudekis, que por algo es de los veteranos del programa.

3. La Warner Bros, que ha debido de gastarse una pasta inmensa para fichar como secundarios a Jennifer Aniston, Colin Farrell y Kevin Spacey. Además de Jamie Foxx. Más que rebajarse ellos el caché lo debe haber subido la Warner, que se ha marcado la chulería de poner el dinero para tener semejante reparto. No lo dan todo, pero desde luego ayudan a que los otros tres cómicos tengan cierto soporte al final.

4. El lenguaje: por la misma razón que el abuso de tacos y frases hechas homofóbicas, machistas o el abuso del sexo (en todas sus versiones) como recurso cómico aburre hasta las ovejas, aquí es tal el desbarre del guión que llega a resultar incluso entretenido. Cualquiera que haya asistido a un monólogo de garito, de los buenos, de los de verdad, sabe que muchos de ellos son así. Además, si Seth Gordon, como dije antes, está al mando, no hay que esperar más que eso. Es la “vieja nueva comedia americana”, igual de entretenida que antes pero con más “gay, zorra, puta, tu madre también” de lo acostumbrado.

5. Las bromas ocultas: el público español es bien dado a la carcajada, así que apenas notó las bromas más crueles y quizás inteligentes, muy efectivas, que apenas fueron apreciadas pero que son de lo mejor del guión. Ahí van dos: llamar a un paralítico en silla de ruedas “profesor Xavier” es una referencia tan buena que casi nadie la pilló, y decir “no te me pongas Jodie Foster con lo de la violación” es una cabriola referencial que no todos supieron entender. Quien haya visto ‘Acusados’ saben que el humor negro en EEUU es una rara avis pero muy, muy, muy lucrativa. Si no que se lo pregunten a los cómicos de Nueva York.

Así pues, bien merece la entrada, aunque hay que ir con palomitas, refresco y la moral bien apagada, como el móvil.

Ultraviolencia, naranjas mecánicas y Beethoven

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La película de Stanley Kubrick sobre el libro de Anthony Burgess cumple 40 años con una versión especial en DVD, con extras y un mítico Malcom McDowell en el papel de su vida. Inolvidable, para bien o para mal.

Por Marcos Gil

Cuando una película rompe la cabeza de alguien, aterroriza a la sociedad, se convierte en la suma absoluta del arte pop y de la transgresión, y de paso inmortaliza a un actor que no ha vuelto a ser el mismo (fuera de Inglaterra), entonces es que ha conseguido ser inmortal. O muy mortal, demasiado mortal. Idolatrada y adorada por unos, despreciada por otros, ‘La naranja mecánica’ es una de las obras maestras del cine. Guste o no. Son 40 años desde que en aquel lejano 1971 la sociedad inglesa hincara la rodilla en el escándalo ante la ultraviolencia, influencias del LSD, el pop anglosajón y buenas dosis de Beethoven con un filme acelerado que incluso asustó a Kubrick, que lo retiró de la cartelera por la presión del establishment, o como él mismo dijo, “porque mi madre dijo que era una guarrada”. La Naranja Mecánica no pudo ser vista en Reino Unido hasta después de la muerte del director en 1999. Sexo mezclado con violencia y una visión extremadamente subversiva del Gobierno son las claves de un filme que sigue al pie de la letra, como puede, la versión americana de la novela de Burgess, otro escandalizado, no por el resultado, sino porque Kubrick siguió esa edición censurada en un capítulo y no en la original, de tal forma que perdía el sentido inicial. Es decir, que Alex, el personaje, se regenera: aquí no, lo cual acentúa la acidez de la película y multiplica su subversión

Ni es fácil leer la novela ni lo es ver la película, con un Malcom McDowell imitado hasta la saciedad en su aspecto típico de la película: botas militares, bombín, bate de béisbol, coquilla, mallas y camiseta blanca, tirantes y el ojo derecho pintado como un sol negro resplandeciente. La cara de loco sociópata de McDowell creó escuela, desde Madonna a Los Simpson o en un desliz que ni en Disney ni en la cabecita de Miley Cyrus cabía, en una parte de su gira de niña mayor. Y por supuesto, al imitar aquel estilo visual totalmente innovador que sólo se había olisqueado de lejos en algunos filmes de los Beatles y piezas de animación minoritarias, terminaron por vaciar la verdadera carga de profundidad que es ‘La naranja mecánica’: una gran distopía sobre una sociedad controlada a través de la psicología y el conductismo en el que la libertad es un concepto ilusorio que tapa las vergüenzas de un gobierno de corte fascistoide. Todo eso mezclado con la aparición de las tribus urbanas modernas, ya que la película huele a mod, a skin, a un montón de estilos urbanos ingleses que a través del filme se generalizaron mucho tiempo después. Burgess, Kubrick y McDowell construyeron un mito, un icono moderno, tal cual. Incluso su título es una pura chaladura: dentro del diálogo londinense del inglés, el cockney, “clockwork orange” alude a lo más raro, a algo totalmente extraño, “As queer as a clockwork orange”, que podrí­a traducirse como “tan raro como una naranja mecánica”.

El filme, al igual que el libro una gran sátira sobre la hipocresía, la violencia y el control psicológico de las masas por los gobiernos, se caracteriza por una gran experimentación formal: Kubrick jugueteó con las cámaras y las velocidades, con escenas ralentizadas y otras aceleradas para multiplicar su comicidad, fragmenta la pantalla, alterna el gran angular con cámaras manuales (durante uno de los asaltos violentos), mezcla su filme con películas antiguas… casi parecía anticiparse al videoclip moderno. Un ejemplo más de la visionaria capacidad de Kubrick. Lo que sí hizo fue crear todo un género, el de la violencia extrema, ya que rompió el molde y muchos otros le siguieron en esa línea, con mayor o menor éxito. Además, fue de los pioneros en el uso de la música electrónica (el sintetizador específico de Walter Carlos, ahora Wendy Carlos tras su cambio de sexo, el famoso Mogo).

‘La naranja mecánica’ mezcla como ninguna otra cinismo, sátira, humor políticamente incorrecto, todo con un envoltorio cinematográfico totalmente experimental en el que Kubrick dejó atrás su etapa más clásica en EEUU para sumirse de lleno en su segunda mitad profesional en Gran Bretaña. Pura estética más que ética, con mensajes morales cruzados y muchas veces contradictorios que acentúan el sentimiento de perdición de Alex, como si fuera un títere de todo el mundo. Fue la pionera también en la moralidad a través de la acidez, algo que pagó caro: fue una película maldita durante décadas, hasta que la sociedad que la prohibió tuvo que aguantar luego ‘Taxi driver’, ‘Uno de los nuestros’ o todo el género de los asesinos en serie. Entonces ya era un icono devorado por todos. 40 años después.

Exit Book – Monográfico y décimo aniversario

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Una de las grandes revistas de arte y cultura con las que cuenta la prensa española presenta (de nuevo) su número de verano, llamada así por su periodicidad semestral y que abre la veda hasta que en febrero de 2012 se empiece a vender la siguiente. Precio: 20 euros.

EXIT Book dedica su número 15 monográfico a evisar y analizar la importancia de los afectos y las emociones humanas en la teoría crítica contemporánea. En la nómina de este número aparecen Simon O’Sullivan, Brian Massumi, Susan Best,
Juan Martín Prada, Jacinto de Rivera de Rosales, Eloy Fernández Porta, Yaiza Hernández Velázquez,
María José Belbel y Miguel Á. Hernández-Navarro. Los textos originales son de clásicos como Baruch Spinoza, además de Eve Kosofski Sedgwick,
Eva Illouz
y Roland Barthes. Además la revista incluye otras 24 reseñas sobre todo tipo de obras relacionadas con los afectos.

Igualmente, de periodicidad trimestral es Exit, que cumple su número 40 y diez años de historia, por lo que reúnen a varias firmas de gran prestigio para observar cómo ha cambiado el mundo del arte y lo que ha significado ese tiempo tanto en la cultura como en la propia revista. Los temas, también, la infancia y la inocencia.

Lisbeth cambia de piel

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Hollywood ya tiene en la recámara su versión de la trilogía Millenium, con David Fincher de director y Rooney Mara Daniel Craig como actores principales. Probablemente para el mes de diciembre, incluso para 2012.

Lo que para mucha gente sería una simple película más, para millones de fans será una nueva prueba para comprobar cómo Hollywood, en este caso Columbia Pictures, puede destrozar un mito literario como el de Steig Larsson. No será para tanto, más cuando detrás de las cámaras está David Fincher, que suma a su currículo un sentido oscurantista muy marcado, además de buena disposición a no hacer un pastiche al estilo de la industria. El primer libro de la trilogía Millenium vuelve al cine, el próximo mes de diciembre en EEUU, quizás con suerte al mismo tiempo en España (más probable ya para 2012). Aquí se llamó ‘Los hombres que no aman a las mujeres’, traducción literal del sueco; en el resto del mundo anglosajón, ‘The Girl with de Dragon Tattoo’, la chica del tatuaje del dragón, en referencia a la marca distintiva del personaje femenino central, Lisbeth Salander, interpretada entonces (en la versión sueca original que se hizo del libro) por Naomi Rapace. En la versión americana le da vida Rooney Mara, que ya estuvo presente en ‘La red social’. La trilogía entera fue llevada al cine y estrenada en todo el mundo, luego reconvertida en serie de televisión, y ahora reversionada por EEUU, donde parece ser que si no hay actores anglosajones o con gancho mediático no vale lo que hagan en otros países. En España vio la luz en mayo de 2009, y apenas un año después ya estaba Fincher rodando su versión.

Estas prisas dan una prueba del increíble gancho que tiene Larsson como escritor, con sus aristas, sus defectos, pero con una capacidad para crear un personaje central que es una pequeña revolución en sí misma. Lisbeth Salander, lo que implica que quien tenga que interpretarla tendrá que estar muy seguro de lo que hace. A simple vista Mara parece más extrema en su estilo, más punk que Rapace, pero con menos brío, algo más inocente en apariencia. Más débil, más sensible.  Por otro lado, el Michel Blomkvist original lo interpretó Michael Nyquist, pero con Fincher le dará vida Daniel Craig, en sus ratos libres James Bond, otro punto de memoria colectiva a tener en cuenta: en las novelas Blomkvist es un periodista de investigación que raya la normalidad más aburrida, salvo por su vida sexual. Ver a Bond haciendo de plumilla sueco más enredado en la cama que en el trabajo será todo un shock para más de uno, aunque la novela sabe perfectamente cómo aumentar la carga de tensión en algunas partes.

Larsson creó un producto imperfecto pero que engancha por la densidad y enrevesamiento del argumento. Es el primer caso de mala forma con un fondo descomunalmente convincente, de tal manera que, por una vez, la idea ganó al envoltorio. Pero el gran mérito es haber dado la vuelta a la ficción de serie negra y haber creado un modelo, un arquetipo, un nuevo espejo deformante de la literatura en el que millones de mujeres se miran y que podría resumir, muy a las claras, el futuro del género. Es decir, Lisbeth Salander. Es una heroína a la vieja usanza pero con un nuevo envoltorio: sociópata, vengativa, solitaria, marginal y totalmente inversa a la moral social reinante. Salander es un personaje que resume la nueva disposición de la mujer: igual ante la ley, pero continuamente discriminada y rebajada por la realpolitik masculina que sigue dominando. Y que sea en Suecia, paraíso del feminismo, donde sucede todo, es una forma de avisar de que las utopías están para fracasar. Salander es una mujer-hombre, envoltorio femenino con la mente y resolución de un guerrero masculino de antaño, una especie de Conan de Cimeria de metro sesenta y pocos y pintas de devoradora de adolescentes.

Larsson murió, pero ella seguirá siendo el espejo donde se mirarán muchas mujeres, y sobre todo, donde beberán muchos escritores más a partir de ahora: cambiará el nombre del personaje, pero todas serán clones de Lisbeth Salander. De momento lo que se nos viene encima, a ojos vista, es otra inmersión directa en el universo que abrió de lleno la novela negra europea al gran mundo: antes ya estaban Wallander y compañía, pero sólo con el fenómeno Millenium se logró que fuera universal, y no sólo algo propio de Europa. Una visión europea revisada por el ojo de Fincher y el olfato americano. De momento, un vistazo al trailer da cierta idea de que los tiros son muy similares.

Número 20 de El Corso

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Este mes en El Corso nos fijamos en la otra industria paralela del ocio electrónico, la del videojuego de autor, en el que no hacen falta inmensas dosis de violencia, realismo y motores de gráficos espectaculares. Su gran encanto está precisamente en que son diseñados desde un prisma más artístico. Es el caso de ‘From dust’, ‘Journey’ e ‘Insanely Twisted Shadow Planet’.

El resto de reportajes van desde el éxito de Lonely Island, el trío encabezado por Andy Samberg y surgido del programa de TV ‘Saturday Night Live’; avanzamos las películas competidoras en el próximo festival de San Sebastián, con especial atención a los directores españoles; el foco de Arte lo ponemos en Banksy, el pope del arte urbano que ha dado el salto a las galerías y museos. El apartado de Letras es para el escritor americano Dave Eggers y su portal-editorial de San Francisco, mientras que Cómic vuelve a las novelas gráficas de última hornada en EEUU. Para Ciencia, el peligro que corre la Gran Barrera de Coral de Australia.

Que la disfrutéis, y no perdáis el hilo de información diaria en El Corso.

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Antonio López, el mundo en el espejo

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La exposición del año, la reverencia de la industria cultural oficial al pintor realista español por definición. La muestra estará en el Thyssen-Bornemisza hasta el 25 de septiembre.

Por Luis Cadenas

El museo con mayor capacidad para cambiar y generar exposiciones, habida cuenta de los virajes que hace para exhibir sus obras o las de otros, Antonio López ocupará las salas de exposición temporal del Thyssen-Bornemisza madrileño. Una completa representación de la obra del artista español, un manchego universal de Tomelloso que vio la luz en el peor año del siglo para España, 1936, y que desde entonces se ha mostrado como el gran maestro de un estilo arrinconado en Europa y recuperado por los norteamericanos, a su manera. Incluirá tanto óleos como dibujos y esculturas, de algunos de sus temas más habituales, como son los interiores domésticos, la figura humana, paisajes y vistas urbanas, principalmente de Madrid, o sus composiciones frutales. Antonio López busca entre la realidad que le rodea aquellos aspectos cotidianos susceptibles de ser retratados en su obra, y lo hace con una elaboración lenta y meditada, masticando los detalles, buscando captar la esencia de aquello que quiere representar. No creando referencias nuevas entre el espectador y lo representado, sino siendo un fiel espejo. Eso es Antonio López, el mundo en el espejo.

Dijo un crítico una vez que el problema de Antonio López es su nombre. Es decir, que no es alguien que haya creado marca. Es posible, pero después de la senda que marca y ha marcado en múltiples apariciones públicas, desde conferencias universitarias a mesas redondas o películas documentales, posiblemente eso sea una nimiedad. Más aún cuando es el pintor español vivo más cotizado, con múltiples dígitos en las subastas de sus obras y una idea muy clara: “el arte está cada vez más alejado de la gente”, según rememoró hace algún tiempo durante una de sus conferencias más largas y abiertas al público. Fue durante una charla en la Universidad de Salamanca, más de un año atrás, cuando resumió lo que él entendía por ser Antonio López y el arte mismo: “Los artistas se metieron en el siglo XIX en unas circunstancias terribles para expresarse en libertad, porque igual no se ha usado bien”. Receta: “Que el artista no se crea superior y que la gente preste algo más de atención”. “Si tuviera que destacar algo, sería la ilusión, o la pasión con el que ha llevado el trabajo. Creo que mantener eso no le va a pasar a todo el mundo”.

Antonio López nunca se ha definido como un hiperrealista, “pero no puedes estar siempre saliendo al paso de todo. Pienso que estaría mejor sin el hiper. Eso es un movimiento que nació en América y yo no me considero miembro de ese estilo. Ningún pintor figurativo europeo es hiperrealista”. Porque las modas condicionan todo y a todos, es una continua injerencia en un camino más solitario dentro de la creación artística. Ante eso, López recordó que hay que evitar “paralizarse” y seguir adelante. En aquella conferencia López aseguró que la libertad total es imposible, “porque vivimos todos muy juntos y hay que ser generoso con los demás”. Esto es, conciliar nuestra libertad personal con el resto. Y eso implicaría las tecnologías, ya que todo lo nuevo no implica la muerte del arte: sólo es un cambio de soporte. “¿Qué más da pintar sobre la piedra en Altamira que en la pantalla de un ordenador?”.

Fue él mismo, además, quien dijo que “una obra nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades”, por lo que no hace falta tener en cuenta el soporte: lo que importa es la creación misma. El paseo ante sus cuadros desvelará al espectador lo que es la mano más pincel de López, un trabajo meticuloso, diario, tan detallista en lo material como en lo espiritual. Muchos de sus cuadros son producto de años de trabajo y cambios, hasta llegar a esos límites de los que él habla. Destila con cada pincelada la esencia, y es capaz de alargar sin vergüenza alguna su obra durante décadas. Cada trazo es intenso e inalterable. De ahí un nivel de precisión que convierte sus cuadros en auténticas fotografías, pero también muchas de sus esculturas, como las cabezas de bebé de la estación de Atocha, ‘Día’ y ‘Noche’. Todo resumido, además, en una película, ‘El sol del membrillo’ (1990), de Víctor Erice, que disecciona a la perfección el nivel creativo de López. Frente a las idas y venidas de las modas, de los estilos, de las escuelas, López ha permanecido inalterable en su particular visión, totalmente fiel a sí mismo más allá de lo que puedan hacer o decir fuera de su círculo. Es, en realidad, una roca pictórica, el ultimo fiel a una idea personal.

Paco Roca y el cómic social

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Recuperamos el reportaje sobre Paco Roca, uno de los más laureados y reconocidos autores del cómic nacional, marcado a fuego por la intención de que tenga una dimensión literaria, social, realista.

Por Luis Cadenas

El Salón del Cómic de Barcelona de este año echó el cierre con la consagración, o mejor dicho, la continuación de la consagración, del autor Paco Roca, uno de los máximos exponentes del cómic social. El mismo valenciano tímido y de sonrisa aniñada, a pesar de figurar 1969 en su partida de nacimiento; el mismo que recibió el Premio Nacional del Cómic dos años atrás, en parte gracias al éxito brutal de ‘Arrugas’, un volumen especial en el que afrontaba la terrible enfermedad del Alzheimer en los ancianos. Quien busque superhéroes o pura fantasía en Roca va más que servido de lo contrario: “Los medios hablan ya del comic como una forma de literatura, y ya no hace falta ir a las tiendas especializadas”, cuenta el guionista y dibujante, consciente de que el comic ha trascendido por completo sus fronteras formales y que ya es una herramienta de expresión única. Algo que hay que entender “como un medio artístico y dentro cabe todo, y cabe también el tema social. Quizás hasta ahora no se había podido desarrollar en el formato de novela gráfica, que permite desarrollar una historia que antes no podías”.

Roca repite este año con ‘El invierno del dibujante’ (Astiberri, su editorial de cabecera, con la que publicó también ‘Arrugas’), con el que ganó en esta edición del Salón del Cómic el premio a la mejor obra y el mejor guión. En ‘El invierno del dibujante’, Roca hace una entrañable revisión de lo que era la vida de la editorial Bruguera, con la dictadura franquista como telón de fondo, y con la salida en 1957 de algunos de sus mejores autores, hartos del despotismo y la satrapía empresarial, para crear la revista libre ‘Tío Vivo’, en la que estos profesionales del cómic nacional querían disponer de todo el control creativo de sus personajes, una aventura que acabó en fracaso. Una muestra más de que el cómic se abre, y debería abrirse, a otras vías y otros temas. Un género que fusiona literatura y pintura como pocas cosas, que genera una gran diversidad de temas, abandonando los nichos de siempre (ciencia-ficción, terror, aventuras, la épica). Para Roca se trata de “una lectura que interesa a todo tipo de público. Se puede encontrar de todo, desde malos tratos a las mujeres, el 11-S, sucesos históricos… Se está abriendo mucho más”. Roca es un innovador: le ha dado una vuelta de tuerca al cómic hasta crear el mencionado cómic social, una tendencia en la que le acompaña Miguel Gallardo, con el que tiene en mente varios proyectos.

¿El cómic es un arte? “Creo que quien no lo conoce es el único que puede decir que no es un arte, y está demostrando que es un medio que puede hablar de muchas cosas y es algo que lo convierte en algo especial”. Ese “algo” se traduce en todo un abanico de posibilidades que salen de la “caverna”. Un ejemplo es su amigo y cómplice en ‘Emocional World Tour’, con Gallardo, publicado en Astiberri en 2009 y que es parte de esa herencia de nuevo cómic, una especie de diario surgido a partir de los viajes de Roca y de la maestría, en el mismo campo, de Gallardo, autor de ‘María y yo’ (sobre el autismo infantil). De hecho, la tendencia recibió el espaldarazo final en su persona, pero también en este Salón del Cómic, al mismo nivel que el resurgir del género de terror, puro o mestizo, donde los zombis volvieron a ser la llave que abre muchas puertas después de arrasar en la literatura fantástica en esta primera década del siglo XXI.

www.pacoroca.com

Expo del TEA (2): Pedro Garhel

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TEA tenía otra exposición abierta (una gran retrospectiva) que desvela parte de la creatividad de las islas, y conecta con otro punto alejado de España, Salamanca, donde Pedro Garhel (1952-2005) impartió clases y dejó huella al ser un pionero del videoarte, directamente entroncado con la Movida y con el resurgir del arte contemporáneo en el país. Todo un iniciado del arte multimedia en España cuando en la primera mitad de los setenta, junto con Rosa Galindo, centrara su labor en la investigación de otros modos de expresión que le llevó a la performance y prácticas basadas en el cuerpo como soporte y herramienta de creación. Su retrospectiva, que ya estuvo en 2010 en el DA2 salmantino, viaja, o mejor dicho, regresa a casa hasta el 23 de octubre. Inaugurada el pasado mes de julio en el TEA, es una de las grandes exposiciones originales del centro.

FOTOS: L. C. Prieto

La muestra ‘Pedro Garhel. Retrospectiva’, comisariada por Karin Ohlenschläger, reúne gran parte del universo creativo de este artista al que se le rinde tributo al tiempo que se difunde su trabajo y su particular punto de vista, siempre pegado a los continuos cambios de la sociedad en la que vivió. Y siempre con la tecnología como vara de medir, como una parte incrustada más de nuestra identidad como sujetos. Es decir: le tocó vivir una época en la que humano y técnica se fusionan, y él adoptó el videoarte como mejor herramienta. Horarios: de martes a domingo de 10.00 a 20.00 horas, lunes cerrado. Gratis.

Expo del TEA (1): Teo Sabando

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TEA Tenerife Espacio de las Artes se acerca al final de una de sus exposiciones, la de Teo Sabando, ‘Jardín de invierno’, inaugurada en el pasado febrero y que estará hasta el 2 de octubre. Para nuestros lectores en Canarias, más vale espabilar para una forma totalmente diferente de entender el arte, donde le dibujo cobra un protagonismo esencial, igual que el simbolismo de un particular ajedrez. Por primera vez Canarias descubre la obra del artista navarro Teo Sabando.

FOTOS: L. C. Prieto

Considerado como uno de los representantes más notables del arte conceptual del último cuarto de siglo en Euskadi,Sabando se baña en dos colores sencillos, blaco y negro, para trazar el mapa de sueños, fantasías que están fuertemente atadas a la realidad: por el escapismo de la imaginación se llega al mundo real, una paradoja. “Cada uno de los trabajos que aquí presento pertenece a un sueño”, reconoce el creador que confiesa que él intenta ser “lo más permeable posible al mundo, pero no al mundo real sino al de la imaginación”. Autor de una quincena de libros originales y cajas, Sabando ha paseado su obra por el Palacio Provincial de Zaragoza, en el Museo de San Telmo de San Sebastián, en la Sala Rekalde de Bilbao, y en las galerías Altxerri de San Sebastián, Vanguardia de Bilbao, y Artefacto de Bruselas.

Una recomendación: ‘Cómo acabar con tu jefe’

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Para el próximo 16 de septiembre hay una pequeña recomendación que también vive de las palomitas: comedia de situación llevada al cine. Uno de los atractivos de ‘Cómo acabar con tu jefe’, además de lo meramente didáctico (quien no haya soñado con eso es que no tiene alma), es la presencia de tres grandes actores algo apartados del eje de la grandeza (Kevin Spacey, Jennifer Aniston, Colin Farrell, los tres jefes) y de uno de los grandes hijos del ‘Saturday Night Live’, Jason Sudekis. También está presente Jason Bateman, Charlie Day y Jamie Foxx, que encarna a un maestro de la estafa y asesor de los tres últimos para machacar a sus jefes: un psicópata, una devoradora de hombres y un inútil, respectivamente. El guión lo firman Michael Markowitz, John Francis Daley y Jonathan Goldstein; basado en un argumento de Michael Markowitz. Con dirección de Seth Gordon y el dinero de Warner Bros.