El programa IceCube colocado en la Antártida ya tiene resultados: su sistema ha detectado neutrinos de procedencia extraterrestre.

Es todo un hito en astrofísica: el laboratorio subterráneo ha conseguido detectar partículas sin masa ni carga que bombardean continuamente la Tierra y que servirán para revelar el origen de los rayos cósmicos que alteran todo lo que tocan y que juegan un papel fundamental en la composición y organización física del universo. El descomunal detector solventa un gran problema para la ciencia humana: hasta ahora sólo se habían detectado neutrinos en 1987 por la explosión de la supernova 1987A, lo suficientemente cercana como para que la esquiva partícula subatómica pudiera ser “pillada in fraganti”.

El problema de los neutrinos es que no tienen carga ni masa, y eso hace que sea casi imposible detectarlos si no es con un renovado instrumental. Y eso que nuestro planeta (y nosotros) somos bombardeados por miles de millones de ellos cada segundo. De hecho nos traspasan porque, literalmente, se cuelan entre los átomos que nos componen. Para poder solventar ese problema se construyó IceCube en la Antártida, en el suelo, entre la roca y el hielo, en la estación Amudsen-Scott.

Registro neutrino de alta energía - IceCube

Registro visual en 3D de los datos del neutrino más potente (Foto: IceCube)

La mayor parte de los neutrinos captados provienen del Sol, pero muy pocos vienen de más lejos, por lo que el descubrimiento de los provenientes del espacio profundo son un gran avance en la compresión del universo. Son partículas de alta energía que actúan como testigos de los eventos estelares: por ejemplo, en la mencionada supernova de 1987, llegaron hasta el instrumental científico antes incluso que la luz de la propia explosión. El neutrino deriva de la desintegración de las partículas provenientes de la interacción entre gas y luz durante la explosión; son emitidos a gran potencia por todo el espacio, el cual atraviesan en línea recta, convirtiéndose en auténticos faros de su procedencia.

Pero los descubrimientos de este mes provienen de mucho tiempo atrás: concretamente de la primavera de 2012, pero no han sido publicados hasta este mes de noviembre en la revista Science. De los primeros eventos registrados de alta energía se derivaron dos partículas: Ernie y Bert, literalmente Epi y Blas en inglés. Fueron el cabezal de la madeja de la que tiraron los miembros del equipo investigador de la Universidad de Wisconsin (que controla el Ice Cube). Se reunieron todos los eventos similares y finalmente se encontraron hasta 26 registros más. Al exceder la energía de los neutrinos atmosféricos habituales se convirtieron en objeto de estudio y han sido todo un salto adelante para la física.

¿Qué es IceCube?

Es el mayor detector de neutrinos construido jamás por el hombre, y el más sensible. Ocupa un kilómetro cúbico y está a 2.5 kilómetros de profundidad, en mitad del hielo antártico. Lo bastante grande como para cazar neutrinos cósmicos de muy alta energía, procedentes de objetos y fenómenos muy lejanos. Se trata del mayor experimento en tiempo real de una serie de mecanismos de la física teórica que ahora buscan ser respaldados por IceCube. En realidad más que un detector es un detector, es un inmenso conjuntos de esferas detectoras colocadas en largos cables deslizados en agujeros de 2,5 km de profundidad. Todo ideado por el físico Francis Halzen, que nunca ha estado allí pero que tuvo la idea y convenció a los patrocinadores e instituciones para llevarla a la práctica.

 

Diagrama e imagen de la excavación de los sistema de IceCube