Carlos Iglesias completa con ‘2 francos, 40 pesetas’ una trilogía sobre un fenómeno inherente a la historia de España y con múltiples y diferentes miradas tras las cámaras.

Casi cinco millones de extranjeros residen en España. Dos millones de ciudadanos de nacionalidad española viven en el extranjero. La inmigración es un fenómeno inherente a la historia de España. El cine ha sido sensible a la inmigración: la interna y la externa. Carlos Iglesias (Madrid, 1955) es el último y más claro ejemplo. Iglesias vivió en Suiza entre 1960 y 1966, hijo de una pareja de inmigrantes que abandonó un sótano de una finca del madrileño barrio de Argüelles donde trabajaban como porteros sus abuelos.

“Un día mi madre me cogió, me llevó al tren, pasamos muchas horas de pie en el vagón y… ¡llegamos a un jardín! Salí de un sótano y me llevaron a un lugar maravilloso con un río, bosques, donde podía ir con la bicicleta en verano o jugar con el trineo en invierno”, recuerda el actor y director. Su padre, un mecánico fresador de la Pegaso, ya se había instalado en Suiza. Carlos Iglesias estrena este viernes ‘2 francos, 40 pesetas’ (2013), con la que cierra su trilogía sobre la inmigración: ‘Un franco, 14 pesetas’ (2006) e ‘Ispansi (¡Españoles!’) (2011), sobre los niños republicanos exiliados en Rusia.

“Hemos olvidado demasiado pronto que somos un país de emigrantes”, se lamentaba Iglesias en la campaña de promoción de su ópera prima, ‘Un franco, 14 pesetas’, con la que fue nominado al Goya a la Mejor Dirección Novel y consiguió tres Biznagas en el Festival de Cine Español de Málaga de 2006: Fotografía (Tote Trenas), Guionista Novel (Carlos Iglesias) y Premio del Público. La película, previa a la actual depresión económica que sacude a España y a la Europa mediterránea, recaudó 1,2 millones de euros con cerca de 300.000 espectadores.

 

Alfredo Landa en Alemania

“Solo se me ocurre una referencia, ‘Vente a Alemania, Pepe’, con Alfredo Landa, una película que lo que venía a decir es que como en España, con un botijo y bajo un árbol, no se estaba en ningún sitio. Desde el franquismo no interesaba contar que fuera se vivía mejor. Creo que mientras los exiliados políticos han tenido un lugar en la memoria, los emigrantes han pasado al olvido más absoluto”, analizaba Carlos Iglesias, en un reportaje en El País, tras el estreno de ‘Un franco, 14 pesetas’.

Efectivamente, ‘Vente a Alemania, Pepe’ (Pedro Lazaga) (1971) supone la primera aproximación moderna del cine español al fenómeno de la inmigración. Cuatro millones de españoles, con y sin contrato de trabajo, se marcharon a Francia, Bélgica, Suiza y Alemania, principalmente, en la década de los sesenta para, sencillamente, trabajar y aspirar a una vida digna. Alfredo Landa, a las órdenes de Pedro Lazaga, uno de los directores más prolíficos del franquismo, mostraba una versión muy patriótica de la inmigración. Landa, desencantado de Alemania, regresaba a la España de las bondades. Un mensaje que ya no cuela.

‘Vente a Alemania, Pepe’

La crisis socio-económica ha reactivado la inmigración en un doble sentido. Miles de españoles buscan en pleno siglo XXI una vida mejor en destinos de Europa, América, Oriente Medio e incluso Asia. No hay frontera lejana ni imposible para encontrar un empleo. Al mismo tiempo, miles de inmigrantes que se establecieron en España cobijados por la burbuja inmobiliaria regresan a sus países de origen ante la falta de oportunidades laborales. Una realidad innegable que ofrece también imágenes impactantes pero parciales como los saltos en las verjas de Ceuta y Melilla de subsaharianos que huyen de la miseria y el hambre.

La crisis del petróleo y el éxodo rural

La inmigración, un poliédrico fenómeno demográfico, ha aparecido cada vez con mayor frecuencia en las salas de cine desde el estreno en mayo de 2006 de ‘Un franco, 14 pesetas’, en especial con documentales pero también con películas. “Muchos españoles que habían vuelto a España, como mi padre en 1966, se replantearon en esa época volver a emigrar, y eso es precisamente lo que está ocurriendo ahora”, explica Carlos Iglesias sobre el significado de ‘2 francos, 40 pesetas’, ambientada en 1974, con las graves consecuencias en la economía mundial de la crisis del petróleo.

Aunque, en realidad, “nosotros estamos siempre en crisis y la crisis siempre les ocurre a los mismos”, sentencia un antiguo inmigrante como Carlos Iglesias. Si ‘Un franco, 14 pesetas’ retrata la experiencia en Suiza de una pareja de españoles en plena oleada migratoria de la década de los sesenta, ‘2 francos, 40 pesetas’ indaga en la posibilidad de salir otra vez de España con un nuevo contexto económico adverso. En el caso de los protagonistas del filme, la crisis del petróleo de los setenta.

El cine español empezó a analizar la inmigración en ‘Vente a Alemania, Pepe’ y la menos conocida ‘Españolas en París’ (Roberto Bodegas) (1971), con Laura Valenzuela, Tina Sáinz, Elena María Tejeiro y Ana Belén, en su primer largo tras su juvenil aparición en ‘Zampo y yo’ (Luis Lucía) (1966), buscándose la vida en la capital francesa igual que Alfredo Landa hacía en Munich. No obstante, la inmigración, en este caso del mundo rural al urbano, ya había deparado títulos clásicos como ‘Surcos’ (José Antonio Nieves Conde) (1951), que tuvo una gran acogida en Cannes, ‘La piel quemada’ (Josep María Forn) (1967) y ‘La aldea maldita’ (Florián Rey), con una versión muda (1930) y una segunda sonora (1942).

Alou y Bwana, choque de culturas

La inmigración comenzó a ser un tema recurrente en el cine español gracias a Montxo Armendariz e Imanol Uribe con dos películas fundamentales para entender el fenómeno en los noventa: ‘Las cartas de Alou’ (1990) y ‘Bwana’ (1996). Ambos filmes conquistaron la Concha de Oro del Festival de San Sebastián con dos miradas compasivas a los inmigrantes. Solo a finales del siglo XX, apenas hace quince años, España se acercó al millón de extranjeros. La inmigración estaba aún desprovista de los mitos (delincuencia, descenso del empleo para los españoles, imposiciones religiosas, concentración de ayudas sociales…) que la han contaminado desde entonces.

Bwana

‘Bwana’

De cualquier manera, el fenómeno se percibía ya en la calle cada año con mayor nitidez. El cine español, con un histórico y destacable espíritu social, empezó a narrar las duras realidades de los inmigrantes latinoamericanos y subsaharianos que llegaban a España atraídos por el sueño y la promesa de unas mejores condiciones de vida. Desde el cine se apostaba por una palabra hoy, desgraciadamente, casi en desuso: tolerancia. Indispensable es al respecto el visionado de ‘Flores de otro mundo’ (1999), de Icíar Bollaín, presentada en Cannes.

Los recelos en la sociedad, basados a menudo en el desconocimiento, palpitaban, sin embargo, con mayor tensión. España, como clamaría años después Carlos Iglesias en la promoción de ‘Un franco, 14 pesetas’, olvidaba su condición de pueblo inmigrante a lo largo de la historia (la actual crisis económica nos refrescaría la memoria). La inmigración, un fenómeno complejo sin explicaciones sencillas y, mucho menos, maniqueas, se convirtió en fuente de conflicto social y laboral. Esos primeros brotes xenófobos se recogen en filmes como ‘Salvajes’ (Carlos Molinero) (2001) y ‘Poniente’ (Chus Gutiérrez) (2002).

La denuncia social

El cine español ha demostrado mayor sensibilidad social por la inmigración que, sin duda, el mundo de la política. Sin demagogia, apostando por comprender el fenómeno, tendiendo puentes y, además, denunciando las injusticias. Pedro Pérez Rosado expuso los abusos laborales que sufren una joven cubana y otra valenciana, procedente de una familia sin recursos, en ‘Agua con sal’ (2005). Ese mismo año, Fernando León de Aranoa, mostraba en ‘Princesas’ a una dominicana, aferrada al amor a su hijo, obligada a prostituirse.

Abandonar tu país no es una opción exenta de problemas, no es, ni mucho menos, algo reservado para espíritus sedientos de aventura (como defiende el Gobierno de Mariano Rajoy). Ni para los extranjeros que llegan a España, ni para los españoles que se buscaban la vida en la Argentina de finales del siglo XIX, como reflejaba Gerardo Herrero en ‘Frontera Sur’ (1998), el mismo país sudamericano antes de la Guerra Civil en la serie de televisión ‘Vientos de agua’ (Juan José Campanella) (2005) o la Suiza de los sesenta de Carlos Iglesias en ‘Un franco, 14 pesetas’ (2006). España, país de inmigrantes, ayer, hoy y mañana.

Un franco 14 pesetas

‘Un franco, 14 pesetas’

La denuncia social, el retrato de las complejas condiciones de vida de quienes dejan atrás a su familia, sus amigos y su país y la permanente búsqueda de una posible y exigible convivencia han protagonizado películas recientes como ‘14 kilómetros’ (Gerardo Olivares) (2007), ‘Retorno a Hansala’ (Chus Gutiérrez) (2008), ‘Catalunya über alles!’ (Ramón Térmens) (2010), ‘Evelyn’ (Isabel de Ocampo) (2011), ‘La venta del paraíso (Emilio Ruiz Barrachina) (2012) y ‘El Rayo’ (Fran Araújo y Ernesto de Nova) (2013).

Carlos Iglesias, con la tercera parte de su trilogía sobre la inmigración, ‘2 francos, 40 pesetas’, y Mikel Rueda, con su segundo largometraje, ‘A escondidas’, presentado en el actual Festival de Cine Español de Málaga, con un romance homosexual interracial, ahondan en un fenómeno sin el cual sería imposible escribir la historia pasada, presente y futura de España. No hay más que darse una vuelta por las salas de cine.

Principales películas españolas (no documentales) sobre la inmigración:

‘La aldea maldita’ (muda) (Florián Rey) (1930), ‘La aldea maldita’ (Florián Rey) (1942), ‘Surcos’ (José Antonio Nieves Conde) (1951), ‘La piel quemada’ (Josep María Forn) (1967), Vente a Alemania, Pepe’ (Pedro Lazaga) (1971), ‘Españolas en París’ (Roberto Bodegas) (1971), ‘Las cartas de Alou’ (Montxo Armendáriz) (1990), ‘El techo del mundo’ (Felipe Vega) (1994), ‘Bwana’ (Imanol Uribe) (1996), ‘Susanna’ (Antonio Chavarrías) (1996), ‘Cosas que dejé en La Habana’ (Manuel Gutiérrez Aragón) (1997), ‘Frontera Sur’ (Gerardo Herrero) (1998), ‘Saïd’ (Llorenç Soler) (1998), ‘Flores de otro mundo’ (Icíar Bollaín) (1999), ‘Salvajes’ (Carlos Molinero) (2001), ‘El traje’ (Alberto Rodríguez) (2002), ‘Poniente’ (Chus Gutiérrez) (2002), ‘Ilegal’ (Ignacio Vilar) (2003), ‘Vientos de agua’ (serie de televisión) (Juan José Campanella) (2005), ‘Agua con sal’ (Pedro Pérez Rosado) (2005), Princesas’ (Fernando León de Aranoa) (2005), ‘El próximo Oriente’ (Fernando Colomo) (2006), ‘Un franco, 14 pesetas’ (Carlos Iglesias) (2006), ‘14 kilómetros’ (Gerardo Olivares) (2007), ‘Retorno a Hansala’ (Chus Gutiérrez) (2008), ‘Catalunya über alles!’ (Ramón Térmens) (2010), ‘Evelyn’ (Isabel de Ocampo) (2011), ‘La venta del paraíso (Emilio Ruiz Barrachina) (2012), ‘El Rayo’ (Fran Araújo y Ernesto de Nova) (2013), ‘2 francos, 40 pesetas’ (Carlos Iglesias) (2013) y ‘A escondidas’ (Mikel Rueda) (2014).