Dos exposiciones convierten al gran museo bilbaíno del Guggenheim en la cuna temporal de los amantes de este estilo artístico que lo ha inundado todo en el siglo XX, desde la pintura a la música o el cine.

Por Marcos Gil

Dos exposiciones paralelas, una consagrada a Claes Oldenburg y otra al rescate y exhibición de los fondos propios (cuestión de crisis: hay que poner en valor lo de casa) colocan a Bilbao como un lugar a visitar para los amantes del arte pop americano y europeo. Pero sobre todo, neoyorquino por la presencia de piezas de Andy Warhol o Basquiat, dos referentes bien distintos del mismo tamiz artístico ligado al arte urbano nacido al calor de los 60. En el otro lado está la exposición ‘Selecciones de la Colección del Museo Guggenheim Bilbao III’, tercera muestra de los ciclos preparados hasta 2013 a partir de los fondos del museo. En esta ocasión alrededor del arte pop. La exposición presenta una selección de obras de Jean-Michel Basquiat, Gilbert & George, Sigmar Polke, Robert Rauschenberg, James Rosenquist y Andy Warhol que abarca no solo a miembros del movimiento pop sino también a artistas que representan su legado.

Claes Oldenburg (Estocolmo, 1929), uno de los padres del llamado “arte pop” en Europa, ve por fin una gran retrospectiva de su obra en España, con una selección de 300 piezas rompedoras, creadas en su mayor parte para ser expuestas en amplios lugares públicos, desde una cuchara gigante con una ciruela a una pluma para jugar al bádminton. Será hasta el próximo 17 de febrero. Con sus irónicas representaciones de objetos cotidianos Oldenburg contribuyó a la renovación de la escena artística norteamericana, siendo clasificado como un artista fundamental de la performance, el arte de la instalación y el arte pop posterior. Un buen ejemplo es ‘The Street’, los famosos artículos de consumo ‘The Store’ o los espectaculares objetos “blandos” de uso cotidiano del “hogar moderno”.

Spoonbridge-and-Cherry – Oldenburg 

En la otra muestra, y como cénit, está ‘Ciento cincuenta Marilyns de colores’, una de las grandes obras de Andy Warhol en Nueva York; en contraposición, los retratos sobrios sobre fondo oscuro de A. Katz. Son dos muestras diferencias pero unidas a la vez por el espíritu festivo y frívolo, pero no superficial, del arte a través de la fotografía, la pintura y el videoarte. Al neoyorkino Katz (1927) muchos le han considerado un precursor del pop por su uso de la figuración objetiva, una vinculación que rechaza el propio artista, aunque no por ello se queda fuera de esa consideración. Muchas veces el artista tiene que soportar las etiquetas ajenas a las propias. Katz siempre ha pretendido ser un pintor “a la europea”, mucho más conciso que el volcán que es el arte pop. La serie ‘Sonrisas’, de Katz, está compuesta por once grandes retratos de mujeres sonrientes, frente a un fondo oscuro y neutro, un negro que ocupa la mitad superior de todos los cuadros. Sin embargo, lo que intenta transmitir es la “alegría de vivir”.

Lo contrario de esa sobriedad es la exhibición dedicada al pop ‘Ciento cincuenta Marilyns multicolores’ de Andy Warhol. Aquí no hay diferencia entre el fondo y la figura: la cara repetida de labios abiertos y ojos seductores de párpados gruesos de Marilyn llena más de diez metros de lienzo. En esta misma exposición aparecen otras obras de otros referentes pop como Gilbert & George con ‘Despertándose’ (1984), un émulo de las vidrieras de una iglesia pero en la que se repiten sus figuras en escalas diferentes como si fuera una versión personal de las edades del hombre. También diez metros, pero en blanco, negro y gris ocupa ‘Barcaza’, la mayor serigrafía del texano Robert Rauschenberg; hay que añadir ‘Cápsula flamenco’, de James Rosenquist, dedicado a tres astronautas que murieron en un incendio en el cohete Apolo en 1967.

La muestra se completa con una obra del alemán Sigmar Polke y varias videoinstalaciones, entre las que destacan doce de los “retratos en movimiento” de Warhol pertenecientes a la serie ‘Screen test’, filmaciones de tres minutos cada una, donde el icono artístico situaba a los personajes ante la cámara y les decía que estuvieran quietos, pero la mirada de los “retratados” no aguantaba, sus rostros acusaban la intensidad y algunos hasta acababan llorando.

Gilbert-and-George

Andy Warhol

Un “pope” llamado Andy Warhol

Nacido en 1928 en la urbe industrial de Pittsburgh como Andrew Warhola Jr y rebautizado como Andy Warhol, este neoyorquino adoptado es el mejor ejemplo de artista que asume los parámetros de un estilo ya nacido, que lo hace suyo y lo catapulta a un nuevo nivel. Resumiendo: Warhol. Tocó todo los palos del arte, desde la escultura a la pintura, el cine y la fotografía, en solitario o como catalizador a través de The Factory, su “nido” e incubadora de artistas que nacieron al calor de su trabajo y que él lanzó, explotó y recicló convenientemente según sus necesidades. Empezó su vida artística como ilustrador, pero muy pronto saltó a la pintura, el cine y la literatura cultivando en paralelo una relación exclusiva con los medios de comunicación. Warhol actuó como enlace entre artistas e intelectuales, pero también entre aristócratas, homosexuales, actores, drogadictos, modelos y bohemios. Convirtió el arte pop en un imán popular hasta el punto de ser el más afamado, rico e influyente artista en décadas. A ojos del gran público era un pope, un gurú, un artista algo mesiánico que revolucionó el arte pop con grandes dosis de mercadotecnia añadidas. A pesar de eso, es un referente histórico del siglo XX, quizás un digno heredero del artista-espectáculo al estilo de Salvador Dalí, por ejemplo. Eso sí, un Dalí pop y neoyorquino.