‘De animales a dioses’ es un libro de antropología muy peculiar, ya que reduce el éxito de la raza humana a una mera razón: nuestra capacidad para creernos nuestras propias mentiras.

Contaba el antropólogo español Juan Luis Arsuaga que los seres humanos son los únicos animales con la capacidad de unirse y enfrentarse por un símbolo que no representa nada en sí mismo, o por algo tan intangible y fútil como una idea. A diferencia del resto de animales, que nunca hacen nada sin sentido práctico y no piensan más allá de las siguientes horas, el ser humano ha construido un mundo invisible formado de banderas, ideologías, convenciones, normas y mitos. Fue precisamente la capacidad para construir mitos, vivir y morir por ellos, lo que nos diferenció por completo. Gracias a esa capacidad intelectual evolutiva nació la religión, el arte, la ciencia y la tecnología. La abstracción y el lenguaje ayudó a definir el mundo y lo que somos. Todo lo demás, para bien o para mal, viene de ese paso.

El libro ‘De animales a dioses’ del israelí Yuval Noah Harari (1976), historiador y estudioso de la evolución humana, demuestra que todo, en realidad, sigue ese mito y que sobre todo es la mentira consensuada, muchas veces creada y tragada por nosotros mismos, la que marcó la diferencia. La diferencia entre un mono y un humano es algo más que el 2% real de ADN distinto, es sobre todo que un mono jamás soltará una pieza de fruta a pesar de que alguien le prometa que si la entrega después de muerto tendrá millones de frutas para él solo. No la suelta: es suya, y punto, y se la va a comer aquí y ahora porque necesita comérsela. El humano en cambio sí lo hace. Es una forma muy sintética de mandar al traste cualquier religión, pero ese salto mitológico es lo que nos diferencia. El humano, según Harari, crea mentiras, las difunde, las asimila y las enriquece.

Evolución humana copiaFue en ese salto totalmente cognitivo, resultado de la evolución de nuestras conexiones neuronales hacia un nuevo estado de inteligencia, lo que hizo que de repente los truenos, el cielo, el suelo, los terremotos, los animales más feroces o la maternidad se convirtieran en elementos míticos que eran compartidos por todos. Al principio fueron sólo elementos de la vida cotidiana: el espíritu del poderoso león cazado, la fertilidad divina que se enseñoreaba de todo en primavera con los campos, y que luego se traspasaba a las mujeres embarazadas, el valor del chamán para hacer de intermediario entre la gente y lo divino… Luego llegaría el mito más elaborado, y finalmente el colmo de la construcción, las religiones organizadas. Según Harari, la clave para que el más débil físicamente de todos los simios terminara por dominar el mundo y convertirlo en su finca particular estaba en su cerebro y esa capacidad no física de crear, imaginar…y mentir. A sí mismo y a los demás.

El libro es un ensayo de éxito en Israel, el mundo anglosajón y Europa, donde ha quedado como un paso más en la construcción del relato de la evolución humana. En España se ha publicado en castellano (Debate) y en catalán (Edicions 62). Es un texto provocador, mucho más en un país como Israel, desgarrado por la religión y en el que late un conflicto entre creyentes y laicos que estallaría de no tener ambos a los palestinos como enemigos principales. También en Occidente, donde la religión se recluye lentamente en sus dogmas mientras la ciencia y la tecnología se expanden en la psique humana. Hariri no inventa nada, ya que la capacidad teleológica (llegar a un fin concreto) de la mente humana está más que demostrada. Él va un paso más allá y arguye que es la difusión de una mentira-mito concreto lo que moviliza los recursos humanos. Extraños de lugares distantes se unen para un fin, y esta capacidad fue vital para que los humanos se organizaran de manera más eficiente. Así nacieron las civilizaciones. Por eso los demás animales son nuestras víctimas, y nosotros, imbuidos de nuestra pretendida superioridad, terminemos creyéndonos dioses.

Para Hariri la dimensión temporal es también fundamental. Los primates tardaron más de 60 millones de años en dar lugar a una especie como la de los orangutanes, de las más inteligentes que ha dado la naturaleza. Pero los seres humanos apenas han tardado unas cuantas decenas de miles de años en poner a uno de los suyos en la Luna o enviar una sonda mecánica que ya ha salido del Sistema Solar. Por decirlo así, la Humanidad es una loca con un bólido que no para de acelerar en el tiempo. Hariri cierra el círculo de la mentira con una habilidad derivada: si todos creen en una misma idea concreta, todos cooperarán. Así se pasó del grupo de cazadores que apenas les daba para sobrevivir a las tribus, y éstas, una vez expandido el mito, a comunidades de tribus, y de aquí a las sociedades, las culturas, las civilizaciones, las naciones… y al mundo globalizado. La escala aumenta sin parar, y las ideas, mitos y mentiras se expanden y se enriquecen. Cada uno aporta algo nuevo que hace que se despliegue en espiral ascendente. Harari explica así que el mito lleva a la organización, y ésta a una dimensión superior del mito.

Invención, lenguaje y dominio

El libro de Harari (en la foto superior) es una pequeña joya que permite saltar por encima de la Historia tal y como se ha explicado siempre. Abarca toda la historia humana y desde luego pasa como un rodillo por todas las ficciones y relatos de la Nación, la Fe o el mito. Gracias a eso podemos ver con un prisma global de bosque y no de copa del árbol lo que somos en realidad. Una comunidad global que se alimenta de su propia capacidad para inventar y dominar. Es decir, para crear un universo humano dentro del universo real, o incluso para desarrollar un universo virtual (internet) que está dentro del universo humano que a su vez se nutre del universo real. Una escala desproporcionada que aumenta y sigue. La Humanidad miente, inventa, y huye de su realidad. Pero esa invención va desde los dioses paganos del estilo de Zeus u Odín a los derechos humanos, una creación humana que no tiene correspondencia con la realidad natural. En este caso esa “creación” permite tener mejores niveles de vida y cooperación, esto es, es útil para la Humanidad.

Según Yuval Noah Harari la capacidad de inventar es una herramienta derivada que ha dado base a la construcción de las mentiras útiles. La supremacía humana no es más que ese don para inventar relatos imaginarios sin base real alguna pero que bajo el prisma de nuestros miedos (a la muerte, a la soledad) se convierten en una droga brutal que nos convence. Es decir, que Dios habla por nosotros para convencernos de lo buenos que somos y de que lo que hacemos está bien. Luego Dios fue sustituido por el destino del Pueblo, la Nación, la Patria… incluso de la ciencia. Harari demuestra que los mitos son el motor de la Humanidad. Sin ellos cada individuo, diseñado para sobrevivir a toda costa, terminará por no cooperar, por ir por su cuenta. O dominar a los demás por la fuerza. Sin embargo los mitos permiten crear una red donde todos se sienten útiles, identificados y espoleados.

Portada del libro

El simbolismo de las pinturas rupestres, primer eslabón del universo inventado por los humanos