Los fósiles de Dmanisi (Georgia), con 1,8 millones de años, demostrarían que en realidad de África salieron varias especies para colonizar la Tierra.

En octubre pasado la revista Science publicaba a los cuatro vientos que los fósiles de 1,8 millones de años del yacimiento georgiano de Dmanisi pertenecían a una misma especie que sería, de hecho, la primera prueba de la colonización humana de Oriente Medio, paso previo para la bifurcación hacia Europa y Asia. Sin embargo los científicos españoles del Centro Nacional de Investigación de Evolución Humana (CENIEH) de Burgos-Atapuerca han demostrado que no, que en realidad son dos especies diferentes, con lo que una vez más habrá que recomponer el todavía inacabado árbol genealógico del ser humano.

La investigación, que será publicada en la revista PlosONE, tiene detrás muchas razones y a una autoridad en la materia como José María Bermúdez de Castro. “No tendría nada de extraño: si en esa época, hace unos dos millones de años, había en África cinco especies de homínidos, es perfectamente lógico que dos de ellas, y no una sola, se extendiera por oriente próximo hacia Georgia”, señala Bermúdez de Castro, paleontológico del CENIEH y uno de los mayores expertos que trabaja en Atapuerca y especialista en seguir el rastro dental de los homínidos.

Mandíbula de Dmanisi sujeta a estudio 

El golpe a la teoría inicial es rotunda: si se toman en cuenta las correspondencias genéticas, los llamados dimorfismos sexuales entre ellos son tan grandes que es altamente improbable que pertenecieran a la misma especie. El abismo entre fósiles es tan grande que no cabe la opción de que fueran las típicas diferencias que se crean entre géneros dentro de una misma especie. Según el CENIEH ni siquiera los gorilas, que tienen el mayor dimorfismo sexual conocido dentro de los primates (el macho es el doble de grande y su pelaje es diferente), son una vara de medir. Los expertos de Burgos han hecho un estudio de  morfología comparada de tres de tres mandíbulas; la cuarta carece de dientes, lo que dificulta su estudio. Sólo el estudio de ADN podría solventar el problema, pero la cuestión es que con 1,8 millones de años el ADN está muy deteriorado y podría ser, con las técnicas actuales, determinar su código.

El informe indica que hay incluso conexiones entre los restos de Georgia y los Neandertales a través de la llamada “convergencia evolutiva”, es decir, no es que los homínidos primitivos de Georgia estén emparentados con los Neandertales sino que los primeros abrieron el camino fisiológico que luego otras especies adaptarían. Baste pensar que entre los pobladores de Dmanisi y los primitivos europeos ceñudos tan falsamente caricaturizados hay cerca de un millón de años de distancia evolutiva.

El problema de las mandíbulas

En realidad el llamado Homo georgicus de Dmanisi sólo correspondería con una de las mandíbulas, mientras que las otras más pequeñas se asemejan a las del Homo Habilis: misma antigüedad, diferente morfología. Ése es el salto evolutivo que la teoría inicial no consiguió solucionar a la vista de las nuevas pruebas. Según la investigación española la zona todavía está muy verde en cuanto a exploración y podría ser que los efectos geológicos y temporales (riadas, movimiento de huesos por animales, derrumbes, etc) hayan alterado el orden de estratos y llevado a confusión a los primeros equipos de paleontólogos.

Además, es plausible pensar que más de una especie siguiera el primer impulso migratorio hacia el norte siguiendo la cadena de ríos y costa que se abre desde el este de África hacia los montes de Oriente Medio, arrancando con el Nilo y el Mar Rojo, luego el llamado Levante (Palestina, Israel, Líbano, Siria, Mesopotamia) y subiendo hacia zonas más altas con mejores pastos y caza en aquellos tiempos.

Mapa con la localización exacta del yacimiento