El tantas veces mencionado deshielo acelerado de Groenlandia es la piedra de toque del cambio climático, un hecho concreto que desencadenaría una larga secuencia medioambiental que nos arruinaría; ahora, para hacerlo más presente, EEUU lo retransmite “en directo”

Todo empezó con fuerza en 2012, cuando en julio hubo un repentino deshielo masivo que puso los “pelos de punta” a la comunidad científica. En el mes más caluroso del año se perdió casi el 98% del total del hielo, algo relativamente frecuente (luego en otoño se recupera rápidamente la capa de hielo, no los grandes glaciares interiores que son pura roca helada) pero nunca con esos extremos. Las zonas costeras de la isla sufren grandes deshielos (como se observa en la foto de portada), pero en altitudes cercanas a los 2.500 y 3.000 metros no se ha producido ningún derretimiento. Fue el gran aviso.

El Centro Nacional de Datos de Hielo y Nieve de Estados Unidos (NSDIC, en sus siglas en inglés), ha lanzado recientemente una web para monitorear el derretimiento de la espesa capa de hielo de la isla más grande del mundo (Australia es un continente). De esta forma se hacen públicos datos y visiones que puedan alertar a la sociedad del gran problema, además de aportar nuevos datos de análisis.

Grandes deshielos

La web incluye gráficos y todo tipo de información anexa que puede dar una imagen más global del fenómeno, directamente relacionado con un hipotético cambio catastrófico de la Corriente del Golfo al alterar la salinidad del Atlántico Norte (congelaría, aún más, Canadá, Islandia, Escandinavia y parte de Europa) y con la subida del nivel del mar que provocaría inundaciones masivas en las costas del hemisferio norte, incluso del resto del mundo si el proceso no mengua y se derriten otras zonas cercanas del Polo Norte.

La superficie helada de Groenlandia suele recuperarse del derretimiento del verano con las nieves de invierno. Pero en las últimas décadas la masa de hielo se ha visto reducida. Actualmente contiene grandes cantidades de agua fresca que, si se añadiera al océano podría provocar inundaciones en zonas costeras de todo el mundo. Desde septiembre de 2012, las temperaturas se han mantenido más bajas de lo normal, como consecuencia del exceso de moléculas de metano de las tundras de Siberia y el gran norte de Canadá, además del continuo y acumulado CO2 del consumo de combustibles fósiles.