Nuevas instalaciones y performances para poder completar la programación de artes escénicas del festival. Por un lado Lot Amorós en la Plaza del Corrillo (de 18.00 a 21.00 horas) con su ‘Cuerda de onda’, una instalación interactiva con cuerdas y micros que se transforman en sonido y luz, “una experiencia de sinestesia” tal y como la definió el propio Amorós al presentarla en la Casa de las Conchas. Aquí “el público se encuentra con su parte artística, experimental. La gente se sorprende mucho con la instalación porque no es un instrumento al uso, es puro ruido pero donde tú eres el responsable”, dijo sobre una gran maquinaria que a partir de la fricción con las cuerdas produce toda una serie de sonidos. Especialmente son los niños, tras un día de exhibición en diferentes parte de la ciudad, los que más se han interesado en usarlo; es puro ruido, un sonido a veces agudo, otras penetrante y bronco, pero que siempre parte de la acción de la propia gente. Arte al gusto, casi se podría decir. “Se nota quién tiene habilidad musical. Y yo mismo hasta hace poco no sabía cómo sonaba y la verdad es que me ha sorprendido, y cómo la gente experimenta incluso con cosas que yo no había pensado, como usar monedas, por ejemplo”. Mañana jueves estará en la Plaza de Anaya de 11.30 a 14.30 horas, y siempre con la media hora final de interpretación del propio Amorós.
Por otro lado, Mariano Pensotti, un argentino ocurrente que ha diseñado una especie de “subtitulación de la realidad”. Presenta ‘A veces creo que te veo’, mañana en la Plaza de San Isidro (22.00 horas). Pensotti la define como “una intervención en un espacio público con cuatro escritores salmantinos que escriben en vivo de todo lo que se les ocurre en ese espacio, intentando imaginar cómo son las vidas de la gente que pasa por ese lugar”. “Los escritores son cámaras de vigilancia”, en referencia a ese mensaje de que nos vigilan mil cámaras; aquí no son máquinas sino autores los que ven y cambian la realidad, la subtitulan, “inventan historias sobre el lugar, sobre la gente, un discurso de cómo la ficción puede alterar esa realidad”. “Los escritores están con un ordenador, medio ocultos, y observan y escriben; todo lo que producen es proyectado simultáneamente en una pared de la plaza”.












