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Entrevista a Mar Gómez Glez: “Si la literatura no es valiente, no es nada”

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Mar Gómez Glez es uno de los motivos para tener esperanza en la siguiente generación de escritoras. Los creadores no deberían tener género, sólo ser autores, pero tampoco la sociedad es perfecta. Por ahora. Mar Gómez es un talento que despunta por su estilo directo y los toques de humor que cimentan buenas historias que han merecido espacio en Off-Broadway.

Entrevista a Gervasio Sánchez: “Es más valiente a veces no hacer la foto que hacerla”

Gervasio Sánchez es la voz de una conciencia, la suya, pero cuyas palabras son un recordatorio de lo que debe ser siempre el periodismo: compromiso con la realidad y la verdad.

Entrevista a Cristina Fallarás

De Ana Portnoy

Cristina Fallarás es periodista, escritora y editora a un tiempo, todo junto en un mundo donde los formatos tradicionales se vienen abajo por el peso de internet.

Entrevista: Alberto Sicilia, creador de Principia Marsupia

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Alberto Sicilia, de vocación, formación y pasión es físico, pero actualmente también es uno de los azotes digitales de la crisis, de la clase política a la que se le ven las vergüenzas y de cómo está montado este país. Su arma es la palabra, mucha ironía y un finísimo sentido del humor que recoge en cada post de Principia Marsupia

Tatanka Books, la otra vida de Tomás Hijo

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Una pequeña editorial con sede en Salamanca y todo el universo para expandirse: Tatanka Books, creada por el escritor, profesor e ilustrador Tomás Hijo, que habla de esta aventura con nosotros.

Entrevista a Carlos Salem

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Carlos Salem nació en Buenos Aires en 1959 y reside en España desde 1988.

Entrevista a Tomás Hijo

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Tomás Hijo. Nacido en Salamanca en 1974, es un ejemplo del nuevo hombre-orquesta que impera en un negocio donde ocupar eslabones de la cadena de producción literaria es cada vez más importante.

Entrevista a Fernando Iwasaki

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Narrador, ensayista, crítico, historiador, gestor cultural, profesor: es Fernando Iwasaki (Lima, 1961), cuya capacidad de trabajo intelectual va parejo a su origen mestizo, peruano de origen japonés enamorado de Sevilla, tanto como para convertirla en su nueva patria. Se ha convertido en uno de los nombres habituales de las letras españolas, o en español, sin fronteras regionales ni de formatos, demostrando una voz muy personal que bebe tanto de la Historia como de su fértil imaginación. Un escritor como la copa de un pino.

Por Luis Cadenas Borges (Entrevista publicada en el número 14 de El Corso)

Últimamente ser peruano está de moda por obra y gracia de don Mario. Ya que ha podido estar cerca del maestro, ¿es cierto que todo se pega?

Ojalá fuera así, porque entonces no sólo a mí, sino a cualquiera se le podrían pegar las virtudes de otros. No obstante, lo que sí es cierto es que la amistad de algunas personas se convierte en un estímulo y en una poderosa fuente de autoexigencia.

Es usted mente inquieta. Toca tantos formatos que es lógica una pregunta así: ¿se lo pide el cuerpo o es una técnica para poder vivir de este difícil oficio de escribir?

Aunque me haría ilusión que pueda tratarse de una inquietud individual, debo añadir que quienes nacimos en países tercermundistas estamos más que acostumbrados a hacer de todo y al mismo tiempo, ya que de lo contrario no llegaríamos a fin de mes. En realidad, trabajo a destajo desde los 16 años y he visto a mi padre hacer lo mismo, lo mismo que a mis profesores de colegio e incluso a los universitarios. Tuve un profesor de inglés que por las tardes era locutor de radio y por las noches boletero de un cine, así como un profesor universitario de filosofía que hacía taxi camino de su casa. Por lo tanto, lo mío no tiene ningún mérito.

Toca dos mundos, Europa y América. ¿El intercambio es tan fluido como dicen o España ha terminado por vivir de espaldas a su pasado?

¡Y Asia! No nos olvidemos de Asia. Lo que ocurre en este momento histórico es que por primera vez en los 200 años que llevamos después de la Independencia, los países latinoamericanos vemos a España como antes veíamos a Francia o Estados Unidos. Es decir, como un país moderno, admirable y con una vida artística y literaria que fascina a la mayoría de creadores latinoamericanos. España no ha cambiado su visión de América Latina, pero la visión de España desde nuestros países, sí.

Un gran amigo mío también es hijo de un militar peruano, y también es hombre de artes. ¿Reacción natural o nada que ver?

Quizá ambos buscamos fuera de casa lo que no encontrábamos dentro. Nuestros padres nos dieron los medios suficientes y necesarios para elegir nuestros propios caminos y actuamos en consecuencia. Podríamos haber sido también militares, tal como muchos hijos de notarios, dentistas, domadores o toreros perseveran en las carreras de sus padres, pero a ellos nadie les pregunta nunca nada semejante.

¿Cómo fue la revisión de los textos de Poe con Volpi? ¿Intentaron darle otro aire distinto, si puede decirse incluso, latinoamericano? ¿o es una tontería preguntarlo?

La mitad de los comentaristas de cada uno de los cuentos de Poe traducidos por Cortázar fueron escritores españoles, así que lo que deseábamos darle a la edición de Páginas de Espuma era el soniquete de nuestra lengua, con sus distintas variantes y matices. Creo que la edición es maravillosa por eso: porque cada uno de los 67 cuentos es prologado por un escritor de habla hispana nacido después de 1960. Y si a esos autores sumamos los prólogos de Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa, resulta que somos 69 escritores de lengua española comentando a un autor de habla inglesa. Y el 69 es un número estupendo con cualquier lengua.

¿El humor forma parte de su trabajo tanto como de su vida personal?

Sí, me río muchísimo con mis compañeros de trabajo, que son tanto artistas flamencos como escritores, así aprendo de ambos extremos. Ahora bien, en casa me tengo que reír solo porque mi sentido del humor no lo comparte nadie.

¿Para qué sirve un premio literario? ¿Pagan hipotecas o sólo es un brindis al sol?

Hay dos tipos de premios. Los premios del Grand Slam Literario -que sí sirven para pagar hipotecas- y los que Roberto Bolaño bautizó como Premios Búfalo, que al menos sirven para llegar a fin de mes. Pero no nos engañemos, ninguno de los dos asegura la posteridad de nadie. Los premios pueden ser importantes para la historia de la literatura, pero absolutamente  insignificantes para la literatura, a secas.

¿La Historia, con mayúscula, es su motor intelectual?

Para seguir con el símil automovilístico, diría que más bien la dirección asistida.

¿Sería capaz de resumir qué es Perú en una frase?

La tierra de mis padres.

¿Y Sevilla?

La tierra de mis hijos.

Empezó contando su vida amorosa, sin tapujos. ¿Qué es mejor: sobredosis de sexo, sobredosis de literatura, sobredosis de arte o vivir intentando ser equilibrado?

Teniendo en cuenta que soy un producto intelectual de las ideas de los 70, cuando se pensaba que todo era arte, dejémoslo en sobredosis de arte.

Parece usted un personaje novelesco: peruano de origen japonés que vive en Sevilla, escribiendo y trabajando en el arte flamenco andaluz. ¿Está de acuerdo?

Más que un personaje novelesco sería de manga o serie anime, pues para ser novelesco habría que agregar que soy hincha del Betis. Un hincha del Barça o del Real Madrid podría ser personaje de una película porno, pero nunca un héroe novelesco. Los del Betis y los del Atlético sí.

¿El mestizaje a todos los niveles es el sello de estos tiempos?

Los sellos son algo muy anticuado. El mestizaje es el vídeoclip de nuestra era, con Obama como gran símbolo del nuevo orden mutante. Pero ojo, que los mestizajes vienen de muy atrás.

Una pregunta que también le hice a otra escritora salida del periodismo: ¿es un oficio que mata el verbo o sólo lo depura?

Borges decía que el periodismo es una carrera donde se escribe mucho pero se lee muy poco. Por eso mismo, César González Ruano escribió: “Por favor, no le digas a mi madre que soy periodista, porque ella cree que toco el piano en una casa de putas”.

¿Es cierto que el relato corto o el cuento exigen mucho más que una novela? ¿que tiene que ser más perfecto?

Un cuento de Borges, Cortázar, Saki o Hemingway, sin duda. Pero una novela de Faulkner, Tolstoi, Vargas Llosa o Umberto Eco también. No me parece correcto hacerle publicidad a lo que escribo utilizando a un genio como anuncio.

La penúltima: en serio, con sinceridad, ¿qué le hubiera gustado ser de verdad?

Músico. Me habría encantado que mi vocación musical hubiera gozado del tiempo, la preparación y los estudios que sí le dediqué a mi vocación humanista. Y conste que cuando hablo de música no pienso en teatros y conciertos, sino en garitos y bodas, bautizos y comuniones.

Y la última: es un lector voraz, así que le pido que me cite un libro que pueda cambiarme la vida. Esa respuesta está en función del sexo, la edad y el estado civil del lector. Y a manera de ejemplo, sugiero títulos pensando en sus amigas lectoras y esperando que triunfe:

Si su amiga es soltera entre 20 y 30, El libro de arena de Borges. Si su amiga es soltera entre 30 y 40, El libro de los amores ridículos de Kundera.

Si su amiga es soltera entre 40 y 50, Las Sonatas de Valle-Inclán. Si su amiga es casada entre 30 y 40, Arráncame la vida de Ángeles Mastretta.

Si su amiga es casada entre 40 y 50, El último encuentro de Sándor Márai. Si su amiga es divorciada entre 30 y 40, Terapia de David Lodge. Si su amiga es divorciada entre 40 y 50, Amor conyugal de Alberto Moravia.

Entrevista a Noemí G. Sabugal

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Noemí G. Sabugal (Santa Lucía de Gordón, León, 1979) es uno de esos productos que sabe dar un país de escritores: licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, su vida ha girado en torno a la literatura y el periodismo casi desde el principio. Sus dedos han tecleado para ‘El Mundo’, ‘La Crónica de León’, ‘Interviú’, la Cadena SER… incluso puede presumir de ser Premio de Periodismo de Castilla y León Francisco de Cossío en 2005. De la infancia a la juventud han pasado muchos premios hasta que, finalmente, el mundo editorial le abrió las puertas con ‘El asesinato de Sócrates’, obra finalista en la XI edición del Premio de Novela Fernando Quiñones. Primera novela de muchas. Acuérdense de su nombre.

Por Luis Cadenas Borges. (Entrevista publicada en el número 12 de El Corso).

La primera, a la yugular. ¿Se escribe con los ovarios, los testículos o eso de la literatura de género es una chorrada más?

Se escribe con las tripas, que es lo que todos tenemos en común. Y sí, en mi opinión es una chorrada más que sólo sale a colación cuando la escritora es mujer. Flaubert imagina a una magnífica Madame Bovary y dicen que ha creado un retrato perfecto de la psicología femenina, mientras que sobre los personajes hombres de las autoras no se suele decir que son un retrato perfecto del “mundo masculino”. Hay, por supuesto, escritoras que opinan lo contrario y lo respeto. Pero a mí el hecho de ser mujer no me influye al escribir más o menos que el resto de mis circunstancias, como ser leonesa o miope. El escritor debe dibujar personajes masculinos o femeninos que sean creíbles e interesantes y esto depende de su talento y no de lo que ocupa su entrepierna. Otra cuestión es la del trato a las autoras en la crítica literaria, que me parece en ocasiones desinteresado y condescendiente.

¿Por qué el muerto es Sócrates y qué es lo que aporta su primer libro al género negro, uno de los más explotados que hay?

El hecho de que el periodista muerto use el seudónimo de Sócrates para sus columnas es una ironía por mi parte. Sócrates, por lo poco que sabemos, no dejó nada escrito porque consideraba que cada uno debía encontrar su propia verdad. Era alguien alejado del engreimiento y el sabelotodismo que sí marcan a la víctima de mi novela. Además,  los motivos de ese crimen histórico, en cuanto a sus autores, tienen algo que ver con los que llevaron a la muerte de este otro Sócrates. Respecto a lo que la obra aporta al género negro, eso tal vez no me compete decirlo a mí, pero en todo caso creo que se referiría a la parte humana de los personajes, a la creación de unas intensas relaciones que alejan al protagonista de ciertos héroes de novela negra que parecen de cartón-piedra, que funcionan como autómatas.

¿El escritor se hace al género o al revés?

La cuestión de los géneros es simplemente un titular que se pone para orientar al lector, para decir “va de esto”, pero en un ámbito tan mestizo como la novela cabe todo. Por eso creo que el género se hace al escritor, más que al contrario. Es decir, el escritor tiene su historia y la cuenta como mejor le parece y eso puede adscribirse a un género o no, pero éste no debe ser nunca un corsé que ahogue la voz propia y distinta del autor.

¿El mundo editorial es la selva?

Por supuesto, el mundo en general es la selva. El periodismo es la selva, la política es la selva, las relaciones sociales. Nacemos para sobrevivir, para enfrentarnos a la tribu y a la vez huir de ella. Pero sin evitar la pregunta diré que si el término selva se refiere a las dificultades que tiene un autor para publicar y vivir de ello, para conseguir que sus libros estén más de tres meses en la librería, para hacerse oír entre una marea de voces, sí, ahí está la selva, pero tampoco hay que olvidar que se publican más libros y hay más lectores que nunca.

Una muy típica: ¿qué influencias tiene que hayan modelado su forma de escribir?

Uf, difícil de resumir. Una influencia fundamental para cualquier escritor es lo que vive y siente y esto suele determinar sobre qué escribe, y otra es la literaria, que apunta más a cómo escribe. En lo segundo mis influencias son tan variadas como abundantes y no hay ninguna que predomine. Estaría la novela realista y naturalista española, Clarín y Galdós; y también autores como Nabokov y Greene y el realismo mágico, sobre todo Rulfo y García Márquez; y autores como Bradbury y Philip K. Dick. Pero cada día aumentan las influencias, la última que he descubierto es la premio Nobel del año pasado, la rumana Herta Müller, que tiene una voz poética muy interesante.

Una pregunta cruel: ¿De verdad le ve futuro a esto o ya se siente satisfecha con un libro?

Alguien que, como es mi caso, lleva escribiendo toda la vida difícilmente va a sentirse satisfecho con un solo libro publicado, sobre todo teniendo en cuenta lo que queda en el cajón. Y no es una pregunta cruel, sino realista. Las dificultades para vivir exclusivamente de la literatura son tan grandes como las de cualquier arte, nadie se mete a escritor pensando en forrarse, a veces pasa pero son muy pocas. Si éste es el objetivo es mejor ser banquero o político.

¿Cuánto hay de pose y cuánto de verdad en el gremio de los escritores?

Mucho de las dos. Aunque no es distinta a otras profesiones, donde hay gente normal y pavos reales. Lo que ocurre es que se pide -o empuja- al escritor a ser la imagen de su obra y eso produce una visibilidad que tal vez a muchos les gusta, aunque yo creo que a la mayoría nos incomoda un tanto, porque un escritor es alguien a quien sobre todo le gusta la soledad. Pero no es muy distinto a lo que ocurre con otros trabajos relacionados con el arte.

Trabajó como periodista durante varios años. Un tema que es recurrente, ¿el trabajo en los medios mata el verbo del escritor?

No, en todo caso mata el tiempo del escritor. Pero pasaría igual en otro oficio, ya que la dedicación literaria requiere mucho tiempo y mucha soledad y simultanearlo con cualquier otra cosa es complicado. Otra cuestión es que el trabajo como periodista es muy absorbente, obsesivo incluso, y a veces parece que no te deja espacio para más en la cabeza y eso es peligroso para la escritura. Pero en cuanto al verbo, no lo mata e incluso en ocasiones lo depura, sobre todo en la prensa. Muchos escritores han trabajado antes como periodistas y han aprendido a olvidarse de las florituras, han hecho callo escribiendo noticias y crónicas.

¿El periodista es carne de trinchera o de sobre con dinero bajo la mesa?

De trinchera, sin duda. Y carne de inseguridad laboral, bajos sueldos, muchas horas. Esa es la realidad de la mayoría de los periodistas. El dinero bajo la mesa sólo pertenece a los dueños de los medios, que venden parte de sus páginas, su voz o sus imágenes para alabar al poder; lo que precisamente va en contra de los fines del periodismo. Buscar el equilibrio entre la dignidad de la profesión y sus necesidades económicas es la cuestión nunca resuelta de los medios de comunicación.

¿Qué futuro tiene la prensa, si es que lo tiene?

Ahora mismo la crisis está colocando a los medios de comunicación en una situación muy difícil y que va en contra de su independencia. Este año habrá elecciones municipales y eso supondrá una inyección de dinero en forma de publicidad que tendrá como contraprestación un enjabonamiento de los políticos y una disminución de las voces críticas. Al mismo tiempo, con la aparición de Internet ha cambiado la manera en que la población se informa y eso está afectando sobre todo a la prensa escrita; que yo creo que no va a desaparecer pero va a disminuir aún más su tirada y a compartir sus redacciones, como ya está ocurriendo, con sus ediciones digitales, que crecerán aún más. El problema es que de momento esto no está suponiendo mejoras laborales para la profesión, aunque en un futuro que ya es casi presente provocará la creación de un mayor número de medios de comunicación, más pequeños y tal vez más independientes, ya que el periodismo digital es más barato que el escrito.

¿Hace falta sufrir para tener una buena historia, como los músicos?

Depende de la historia. Si escribes libros infantiles es mejor ser feliz, ver el lado positivo de la vida, para que tu parte oscura no se traslade a los canijos, que ya tienen bastante con estar obligados a crecer. Pero claro que la literatura es sufrimiento, como la vida misma. Yo sufro cuando escribo. Lo hago por dos cuestiones: una, la que tiene que ver con bordear mis límites, con exigirme, con luchar contra la inseguridad de mi propio trabajo y otra cuando lo que se pretende poner de relieve es una situación injusta o terrible y ahí sufres con la historia misma. Pero también me divierto cuando lo que escribo es divertido, lo que pasa es que me suele ganar el desengaño.

Un proverbio dice que el escritor tiene que vivir o ver la vida: ¿la ha vivido o la retrata?

Ambas cosas son inseparables, pero deben hacerse en tiempos distintos. Creo que Borges dijo en alguna ocasión que él no había vivido más que en los libros, queriendo decir que su existencia no había sido gran cosa. Bueno, tampoco era del todo cierto. El escritor vive o lee y de esa experiencia absorbe buena parte de lo que es y le interesa, pero después debe dejar de vivir, suspenderlo todo, para encerrarse y escribirlo.

¿Qué es más complicado, publicar por primera vez o conseguir que se fíen de ti una segunda vez?

Las dos cosas son complicadas. Supongo que publicar por primera vez podría ser la más difícil, pero hay muchos escritores de un solo libro que después se los ha tragado la tierra o sólo han escrito para el cajón, no sé. Ninguna de las dos situaciones depende en exclusiva del escritor y cada uno tiene su propia experiencia.

La última: ¿la novela es la medida de la literatura o el cuento y la poesía tienen futuro?

Bécquer dijo aquello de “podrá no haber poetas, pero siempre habrá poesía”, y el tiempo le quitó y le dio la razón. Aún sigue habiendo poetas; es más, hay novelas que son casi poesía. Pero es cierto que la novela predomina y yo creo que es algo atávico, relacionado con cómo nos reuníamos alrededor del fuego a cocinar el mamut y a contarnos historias de la caza. Además, la novela es algo tan versátil que todo tiene cabida en ella, el mismo Quijote incluía cuentos cortos que podían ser completamente independientes.Así que mi opinión es que ninguna de las tres formas literarias desaparecerá jamás y así nos lo ha demostrado la historia. La magnífica intensidad de un buen cuento no puede ser igualada por novela alguna, que debe tener sus valles y sus picos, y la capacidad de remover sentimientos de la poesía es única.

Entrevista a Carlos Areces

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Carlos Areces (Madrid, 27 de marzo de 1976) es un actor y dibujante de cómics que supera con creces las expectativas de encontrarse con un ser diferente, un “hombre del Renacimiento” como él mismo se define entre el chiste y la seriedad. Como dibujante, ha ganado los premios Mejor Serie de Animación en Animadrid 2001, el de Autor Revelación 2007 otorgado en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona y el Premio Ivá 2009. Y tiene su espacio semanal en ‘El Jueves’ en forma de viñetas. Como actor, ha participado en varios sketches del programa mensual ‘La Hora Chananate’, ‘Muchachada Nui’ y también ahora en ‘Museo Coconut’ del canal Neox, junto a sus amigos y compañeros de viaje satírico Joaquín Reyes, Raúl Cimas, Ernesto Sevilla y Julián López.

Por Luis Cadenas Borges. (Entrevista publicada en el número 11 de El Corso)

Nos resulta difícil definirle: ¿actor, humorista, dibujante de cómic, ilustrador, cachondo mental en general?

Prefiero el pomposo término “hombre del Renacimiento”, porque es lo suficientemente amplio y elitista como para que parezca que hago más cosas de las que en realidad hago, y mucho más importantes. Por cierto, te has dejado “cantante” en la enumeración. Quizá no hayas oído hablar de mi extinto grupo Ojete Calor, pionero del subnopop.

¿Si no hubiera conocido a Ernesto Sevilla no se hubiera metido a actor? ¿O es que eso es propio de hacer Bellas Artes, que te lanza a por todas?

Igual lo hubiera tenido más difícil, pero mi idea desde el principio era meterme en el mundo audiovisual como fuera. Tuve comienzos bastante humillantes, como chico de los cafés en una productora o sidekick grimoso del presentador serio en algún programa. El cine era la meta desde el principio, en Bellas Artes me reafirmé completamente de que lo mío no era ser artista plástico, si exceptuamos el dibujo de cómics, que es como el hermano pequeño y retrasado de ese gran ente abisal y todopoderoso que es el arte moderno.

¿Vivir entre dos artes, la escena y el cómic, sirve para tener más experiencia a la hora de trabajar?

Sí, por eso me supone un gran esfuerzo llevar ese aire de ineptitud a todos mis ámbitos profesionales, y que parezca natural. Pero si me lo propongo, lo consigo.

¿El humor es el nexo de unión entre todas esas facetas?

En general, sí. Y, además, es una excusa perfecta para cuando no sabes hacerlo bien: “Qué mal actúas.” “No, es aposta, para que se ría la gente.”. Y así con todo. Además, no me gusta que las cosas tengan excesiva trascendencia, rebajarlas con un poquito de broma está bien.

¿Cree que podría dar el salto, como actor, a otro campo que no sea la comedia?

Espero que sí, porque de eso se trataba en Balada Triste de Trompeta, la nueva peli de Álex de la Iglesia. Yo pensé que me estaba metiendo en una comedia, pero cuando leí el guión me acojoné levemente, porque allí había drama, había pasiones. Temía que la gente no se lo tomara demasiado en serio al ver en pantalla al Bonico del Tó. Espero que todo vaya bien. De todas formas, no creo que haga nada de Shakespeare en los próximos meses. Prefiero algo donde mi papada sume en vez de restar.

¿Qué le ha dado ‘Muchachada Nui’, y ahora’Museo Coconut’ que no le ha dado otro tipo de cosas?

Me ha dado uno de los escenarios donde he trabajado más cómodamente y con amigos que empezaron en esto al tiempo que yo, así que nadie me tosía a la cara. Seguro que empezar con Lawrence Olivier hubiera supuesto más presión.

¿Se ve recogiendo un Goya entre vítores?

Aunque fuera entre abucheos, saldría a por él y lo agarraría con la fuerza de unos lechoncillos aferrándose a las tetas de su madre. Lamentablemente, creo que voy a tener que esperar. No sé si me nominarán para el 2011, pero da igual, porque se lo llevará Bardem. Qué abundio, Bardem, qué abusón, si ya tiene un montón. Creo que un año se lo dieron sin estar nominado.

¿Esa manía de disfrazarse de mujer se la imponen o es idea suya?

Nunca fue idea mía, pero no me siento nada incómodo. Originalmente era una cuestión estadística: a Julián no le gustaba, a Raúl no le cabía la ropa y Ernesto no daba el pego. Sólo quedábamos Joaquín y yo. Y mi parte femenina es mucho más fotogénica. Creo que gracias a mis papeles femeninos canalizo el travestismo y evito así salir a la calle con tacones.

¿La seriedad es una parte de su máscara o es simplemente un tipo serio?

No soy muy de reírme a carcajadas, la verdad. Incluso creo que me falta algún músculo facial. Y luego está el tema de las cejas: mis cejas crecen formando un tejadito elevado por el centro, que desciende suavemente según nos acercamos a los extremos, dejando mis ojos sumidos en una profunda tristeza que me hace más interesante. A una compañera de la facultad le pasaba lo contrario, que tenía cejas de cabreo. Ella era muy dulce, pero la mirabas y pensabas: “Oye, la tía gilipollas…”.

¿Cómo y quién decide qué sketch se hace, es una idea conjunta o cada uno aporta algo?

Ese era el antiguo sistema de Muchachada, con sketches. Generalmente eran cuatro cabezas pensantes, yo sólo escribía esporádicamente. El que decidía, el oráculo de sabiduría suprema, era Joaquín, aunque siempre tenía muy en cuenta la opinión de Ernesto. Pero no había muchos que se echaran atrás, a todos nos hacen gracia más o menos las mismas tontadas.

¿Cómo ve la TV, como la tememos o tenemos algo a lo que agarrarnos?

Pues la TV es lo que hemos querido que sea, tenemos ni más ni menos que lo que nos merecemos. Yo, particularmente, creo que desatiende sobremanera al público infantil y juvenil y que se ha convertido en un electrodoméstico para viejos, pero tampoco te voy a negar que me trago ciertos realities con verdadero deleite. Los programas son los que son porque los vemos. En cualquier caso, creo que no hay que tirarse de los pelos, para eso está el vídeo.

¿Cree que el humor de ‘El Jueves’ y de ‘Museo Coconut’ podría ser para masas o siempre será parte de una minoría afortunada?

No creo que el humor de ‘El Jueves’ sea muy de culto, la verdad, creo que tiene una vocación de llegar a un amplio espectro de jóvenes. En todo caso, pertenece a la minoría de gente que sigue leyendo cómics, que en España es bastante limitada. El humor de ‘Museo Coconut’ sí que es más minoritario, ahí están las cifras: son muy dignas para las cadenas en las que trabajamos, pero desde luego no somos un producto competitivo al nivel que lo era, por ejemplo, ‘Matrimoniadas’. Sin embargo, en Inglaterra, en EEUU, el humor toma otros derroteros más arriesgados que son aceptados por el gran público. Aquí llegará, porque lo importamos todo. Pero se me está haciendo eterno.

¿Cómo terminó en El Jueves?

Paseando por el Salò del Cómic vi a Monteys firmando ejemplares del ‘Mondo Lirondo’, y yo quería un dibujo suyo. Yo ya me había comprado el libro hacía meses, así que paseaba con aire desamparado por delante del stand, como el niño que espera que el tendero le regale una gominola por lástima. Monteys me reconoció de ‘La Hora Chanante’, estuvimos hablando y me llevé un dibujo y su contacto. Más tarde, alguien me dijo que en la redacción de El Jueves buscaban dibujantes para una revista nueva, y llamé a Monteys para informarme. Él no sabía que yo dibujaba. Les envié unas páginas y me cogieron, y fui feliz.

¿Estilo viñeta o algún día habrá una novela gráfica de Carlos Areces?

Mira que lo he pensado veces, pero sólo he sido capaz de editar un libro recopilando las páginas semanales de chistes. Eso de tener que hacer una trama de 40, 50, 80 páginas, me da un perezón que no te imaginas, dibujando al mismo personaje cientos de veces, o los fondos, que igual te sale bien como que no. Digamos que la idea de la novela gráfica me seduce muchísimo, pero como concepto acabado. Quiero verla en las tiendas y sentirme orgulloso de su edición. Quiero que esté ya hecha, pero no quiero hacerla. Me pasa con muchas cosas en mi vida.

¿Se ve como uno de esos creadores de cómic estilo americano, superventas y con la aureola de director de cine?

Cada vez menos. Yo soy muy de agobiarse pronto, y eso tiene pinta de ser complicado.

La última: diga una frase para la posteridad o el super titular de la entrevista.

”Carlos Areces: Admiro a Hitler y soy coprófago”.