el corso, autor en El Corso | Revista Cultural Online - Página 10 de 66

All posts by el corso

Kindle, dentellada con cifras (ahora sí)

kindle_fire 2

La Navidad en EEUU ha servido para empezar a medir la profundidad de los colmillos de Kindle Fire. Si hay una sociedad consumista (aparte de España), desde luego es la americana, y mucho más en la época dorada de los centros comerciales. Hace un suspiro hablábamos de las posibilidades reales: pues ya hay cifras: 4 millones de unidades vendidas. 

Amazon vendió en diciembre más de cuatro millones de sus diferentes modelos del Kindle, entre los que se encuentra su nueva tableta Kindle Fire, con lo que ha registrado las mayores ventas navideñas de su historia. La tienda ‘online’ destacó que las ventas de libros electrónicos para sus dispositivos Kindle aumentaron el 175% entre el Viernes Negro -el día después de Acción de Gracias y cuando arranca la época de compras navideñas en Estados Unidos- y Navidad, en relación con el mismo periodo de 2010.

La compañía añadió que su nueva tableta electrónica, que lanzó para competir con el dominante iPad de Apple, fue el producto más vendido en su página web desde que salió al mercado en noviembre a un precio de 199 dólares (153,7 euros), pese a estar solo disponible en Estados Unidos. Ese coste es inferior al de sus principales competidores, como el Nook de la cadena de librerías Barnes & Noble (249 dólares/192,4 euros), o el iPad, que cuesta al menos 499 dólares (385,5 euros).

Número 24 de El Corso

portadaene2011

Para el primer mes de 2012 tenemos novedades: una nueva disposición de las secciones, con un gran reportaje estrella por mes, más amplio, y que este enero recae sobre algunos estrenos interesantes del cine para este año. La segunda es el diseño de maquetación, que evoluciona para no quedarse anquilosado. Más claro, más liviano. Esperemos que os guste. En cuanto a los temas, en Letras nos fijamos en la carrera del novelista John Le Carré, un modelo para los guiones de cine y TV; en Cómic, en las múltiples adaptaciones que se han hecho de la obra de Kafka y que este año despuntan; en Arte, contamos de nuevo con Darío Tobes para la relación entre educación infantil y arte contemporáneo.

En Música, la atención recae en una de las promesas de la música clásica, el Heath Quartet, que ya estuvo en Salamanca en 2011. En Ciencia y Tecnología, los prometidos nuevos viajes a la Luna, el nuevo romance de la ciencia actual, y el regreso de la saga Diablo de Blizzard al mundo de los videojuegos. Que os guste.

[issuu width=420 height=297 backgroundColor=%23222222 documentId=120204124003-e06e36e2a7354920a56882b9cd06ae3c name=el_corso_24_ene_2012 username=elcorso tag=arte unit=px]

Estreno de ‘Sensormen’ de Yllana

Sensormen_dossier_prensa_julio2011

Generalmente los espectáculos que mezclan expresión escénica y elementos percutivos son u horteras o perroflautas. ‘Sensormen’, ni uno ni lo otro, no lo es en parte porque detrás está la Compañía Yllana, una especie de núcleo escénico centrado en la comedia gestual y física que creó escuela con Tricicle. Será el 11 de enero en el Teatro Alfil.

Sarcasmo políticamente incorrecto e irónico (e icónico, a la vez) de Monty Python unas señas de identidad que, adaptándolas a un territorio escénico moderno, se convierten en una auténtica colisión creativa. ‘Sensormen’, espectáculo coproducido por Yllana y Bulbul (prácticamente todos los instrumentos son ideados por él, en un afán de luthierismo moderno) que han estado mostrando a mediados de año en los Teatros del Canal, se traslada a principios de 2012 al Teatro Alfil, uno de los escenarios minoritarios con mayor éxito e influencia en el teatro madrileño.

Porque es una obra diferente. Como mearse en Mayumaná pero son sorna y transformando el propio cuerpo de cada uno de los performers-músicos-actores en un instrumento musical de circulación sanguínea.

Es la primera vez que lo hacemos, pero puede ser el principio de una gran amistad. El Teatro Alfil y la Compañía Yllana y Bulbul junto con nosotros, Notodo, vamos a organizar nuestro primer preestreno conjunto. Será para el día miércoles 11 de enero, fecha en la que aterriza Sensormen en el Teatro Alfil y se quedará, a buen seguro, un buen número de semanas (o meses).

Reportaje – Seti pregunta quién anda ahí

portapilla

El Programa SETI, afectado por los recortes de dinero público, tira de donaciones de millonarios para poder continuar con su búsqueda de señales de vida inteligente en el espacio.

“¡Es la economía, estúpido!”, le gritaba Clinton al Partido Republicano en los años 90 para ganar las elecciones. “¡Son los economistas, idiota!”, gritan ahora en las calles para demostrar quiénes son los que no supieron ver llegar la crisis. El dinero, siempre el maldito dinero: por su culpa uno de los proyectos más grandes, ambiciosos y quiméricos hechos nunca por el ser humano está en el filo de la navaja. El capitalismo tiene estos efectos colaterales: pagan los que menos lo merecen, un principio de injusticia que solivianta a la clase media hasta ponerla al borde de la barricada improvisada pero que en la comunidad científica es todavía más brutal.

El Programa SETI es la contracción de “Search for Extraterrestrial Intelligence”, o dicho de otra forma, el proyecto que revisa cada señal del espacio exterior o cuadrante del universo en busca de una respuesta inteligente, es decir, de vida extraterrestre evolucionada. Que es, poco menos, que buscar aquello que cambiará para siempre la existencia de la Humanidad, uno de esos sucesos clave, como el descubrimiento y manipulación del fuego, que derrumbará un mundo y levantará otro. Y resulta que la crisis ha hecho que se le corten los fondos públicos.

Otras preocupaciones menos altas han dejado apartado este proyecto, casi en forma de residual acumulación de ordenadores en línea en todo el mundo y con varios radiotelescopios y estaciones de radio mirando al infinito. Pero será salvada por las donaciones de millonarios americanos, que están dispuestos a pagar por continuar con la misión a tiempo perdido de rastrear cada pequeño trocito del cielo buscando a alguien. Lo más peculiar de todo esto es que el centro de SETI, en Mountain View (California) es privado, pero durante décadas ha formado parte de los proyectos paralelos de la NASA.

El Allen Telescope Array (ATA), un telescopio con 42 grandes antenas receptoras de ondas de radio cuyo objetivo es captar posibles mensajes extraterrestres funcionó hasta finales de abril, cuando el recorte de dinero público le dejó sin misión. Las donaciones privadas cayeron como una cascada para un proyecto con mucho tirón mediático y lograron acumular más de 150.000 euros para poder reengancharse a la misión. Uno de los famosos y afortunados en poner dinero es Jodie Foster, famosa en el mundo de la ciencia por la película ‘Contact’, un fracaso de público y taquilla pero filme de culto entre los admiradores del programa SETI. También hay astronautas como Bill Anders, que aportó dinero para que no se pare. No es una novedad: en 2004, Paul Allen, compañero de fatigas de Bill Gates en Microsoft, donó 24 millones de dólares para construir el telescopio ATA y que el SETI no se rindiera. Sin embargo no es suficiente: con el dinero conseguido no se pueden cubrir todo los gastos. El cálculo de los responsables de SETI es que harán falta unos 3,5 millones de euros para que funcione durante los próximos dos años.

En más de 30 años sólo ha existido un indicio de algo raro, la famosa Señal WOW de 1977, que en parte ha alimentado las mentes de muchos contribuyentes al programa SETI (ver despiece). Eso ha hecho que arrecien durante mucho tiempo las críticas al programa, no tanto en su existencia sino en su planteamiento. Los contrarios a SETI aducen que una forma de vida extraterrestre no tiene por qué comunicarse por ondas de radio. Eso para empezar, ya que podrían usar otros métodos más sencillos, como “presentarse”, enviar sondas o mensajes visuales. La segunda crítica es que el universo es tan inmenso y profundo que las probabilidades de captar desde la Tierra una señal concreta de las miles de millones de opciones y puntos de referencia es ínfima. Tanto como para que sea una pérdida de tiempo. Los promotores de SETI se agarran entonces a la esperanza, algo irracional, de dar en el clavo con paciencia y perseverancia. Además, ya que el sector público les abandona, el privado está ahí para, de momento, darles vida. Mientras tanto, mucha gente sigue colgada de la fe en que haya alguien ahí fuera y que, por raro que parezca, tenga un radio. Tal cual.

¿Qué es el realmente el Programa SETI?

Básicamente, SETI rastrea las ondas de radio del cosmos en búsqueda de señales creadas artificialmente. Es un inmenso programa que mezcla la búsqueda con radiotelescopios con el posterior tratamiento de todos los datos acumulados, para lo que valen tanto ordenadores potentes del proyecto como los pequeños PC de la gente común, muchos de los cuales han puesto sus terminales en líneas y poder procesar todas las señales recibidas. También se envían señales al espacio exterior con la esperanza de captar alguna respuesta. Los primeros proyectos SETI surgieron bajo el patrocinio de la NASA en los 70, cuando estaba en plena vigencia el Programa Apolo. El más famoso de todos es el SETI@Home, apoyado por millones de personas de todo el mundo mediante el uso de sus computadoras personales, que procesan la información capturada por el gigantesco radiotelescopio de Arecibo (Puerto Rico), la gran puerta hacia el espacio exterior.


Las dentelladas Kindle

kindle_fire

Más que morder la manzana se ha puesto de moda darle zarpazos y dentelladas al más puro estilo Tiranosaurio. Cuando una compañía vende una tableta que casi parece un calco barato y algo más simplón que el modelo más sofisticado a sólo 199 dólares (153 euros) realmente quiere hacer la guerra. Y no por otros medios, sino al viejo estilo medieval: a grito pelado y con todo el poder violento que ha encontrado Kindle Fire para aguarle el legado a Jobs.

Todavía no hay cifras concretas del impacto en el mercado, pero cuando las iPad bajan de 16 a 13 millones de unidades anuales vendidas en todo el mundo es para pensárselo. Esos tres millones de menos quizás sean también menos por la crisis económica que por otras razones más poderosas: la pasta en el bolsillo. La tableta de Amazon es una devoradora de mercado por precio y manejabilidad.

Pero es la teoría de siempre: si pudiera, ¿se compraría un Mercedes Clase C o un Renault Laguna? Pues más de uno se sorprendería de la respuesta del público. La duda se mantiene: el iPad 2 tiene 9,7 pulgadas de pantalla y todo el poder tecnológico de un MacBook Air superconcentrado en una sola mano. Kindle Fire tiene peor software, es más pequeña y sólo tiene un poder: 153 euros frente a 479 euros. ¿Cómo lo ven ustedes?

 

Reportaje – El Prado en 5.000 pasos

portadilla prado

Los viajes no tienen por qué ser a cientos de kilómetros, en otro lugar. Basta caminar, mirar y soñar un poco. Especialmente en los museos, que necesitan algo más que pasos perdidos y una guía en la mano.

Por Luis Cadenas Borges

Ha pasado mucho tiempo desde que la rama española de los Habsburgo empezara a coleccionar cuadros. Quizás habría que otorgarles el mérito de la opulencia: fuera su aburrimiento o su gusto por la ostentación, el simple acto de encargar un cuadro y atesorarlo se convirtió en el principio de una historia entre Madrid y la pintura que ha desembocado en un negocio cultural, un símbolo universal que como un agujero negro artístico atrapa todo (presupuestos, críticas, elogios, turistas, reportajes como este…). Es un auténtico viaje en sí mismo, pero en el que se unen los pasos perdidos entres las salas con el viaje interior del paseante. Este es, pues, un viaje muy diferente.

Hace algunos años, un periodista holandés calculó cuántos pasos había que dar para poder decir que se había visto El Prado, el mismo museo que se había pateado durante años: 5.000. Es más que probable que se quedara corto. El Prado lo es todo desde que los Austrias empezaran a gastar en pintura, permitiendo que el retrato y el costumbrismo alcanzaran consideración de genialidad en los pinceles de Diego Velázquez con el primer “cuadro moderno” de la historia, Las Meninas, que a diferencia de muchos otros ha conservado su ubicación habitual en el Museo del Prado. Probablemente es una de las dos grandes pinacotecas de Europa, y el cuarto pilar en todo el mundo junto con el Hermitage de San Petersburgo y el MOMA de Nueva York.

Después de casi una década de obras, de vallas metálicas y plásticos verdes, de una imagen amputada, mutilada y mil y una polémicas con arquitectos, partidos políticos y usuarios, El Prado volvió a ver la luz en 2009. Lo hizo con una considerable ampliación arquitectónica que abría la parte trasera y la conectaba con los Jerónimos y el famoso cubo de Moneo: cafetería, auditorio, cuatro plantas para exposiciones temporales, una tienda abierta, más luminosidad y una reordenación de los fondos visibles, porque los invisibles son casi tan grandes como lo que el mundo ha podido ver ya.

El Prado sólo le obligará a hacer cola por el aluvión de gente que se encontrará, pero los accesos abiertos son más que suficientes: puerta de Murillo (la que da al Jardín Botánico), puerta de Goya (la segunda más famosa, con el aragonés bien visible y esas escaleras dobles que recuerdan a un templo romano), la puerta de Velázquez (típica, tópica pero imán de fotógrafos y paseantes), y la nueva de los Jerónimos en esa parte posterior moderna que une el edificio religioso, el Cubo y el antiguo palacio convertido en la cueva del tesoro, el mismo por el que arriesgaron su vida restauradores, soldados y amantes del arte durante la Guerra Civil.

Seguro que alguno de los que leen estas líneas ahora recuerdan la película ‘La horade los valientes’, con un Gabino Diego que se juega todo por salvar el retrato de un Goya avejentado y superado por la infamia de la guerra, la locura y la edad. Ese mismo cuadro pequeño y que casi pasa desapercibido en las salas superiores del antiguo edificio y que con una luz cenital parece llamar sólo a los que sepan mirar más allá de los grandes cuadros que llenan paredes. Si entra por esos tornos modernos Encontrará un hall abierto, alto y amplio: a su izquierda, las nuevas instalaciones, con el auditorio, las salas bajas y las escaleras mecánicas para subir las tres plantas del cubo, para poder llegar hasta la reconstrucción del claustro de los Jerónimos y las estatuas de los grandes reyes hispánicos, con la dinastía de los Austrias a la cabeza. Por algo fueron ellos los que más empeño pusieron para hacer colección: la vista puesta en el arte y no en la política de un imperio que se derrumbaba por su ineptitud.

Al frente, la nueva tienda, el destino preferido de los que no quieren arte sino el souvenir de poder haber estado donde todo el mundo le ha dicho que debe ir, aunque no lo desee de verdad. El turismo barato tiene estas cosas. A la derecha se puede ver, a través de grandes ventanales, la trasera del palacio de Villanueva, y el acceso a la colección permanente. En esa misma planta está el grueso antiguo de los fondos: Van der Weyden, El Bosco, Patinar, Durero, Rafael, Tiziano, Tintoretto y la primera de las plantas de Goya, el otro gran invitado estelar de un edificio que todos recordamos por el sevillano Velázquez. En la segunda también está Goya, pero aquí junto a Reynolds, Gainsborough, Tiépolo, Mengs, Murillo, Ribera, Velázquez, Rubens, Caravaggio, Poussin, Tiziano y El Greco.

Las rodillas duelen, y los pies, hay que parar para poder asimilar antes de que el cerebro, que ya no puede distinguir estilos, épocas o influencias, ni siquiera el gusto puede ya ser un buen guía. Es un dicho común pensar que sólo podemos apreciar en un museo los primeros 20 cuadros. Después, todos son iguales. El periodista de los 5.000 pasos sostenía que eran incluso menos, porque la marabunta de gente aborrega el entendimiento. Es la hora de marchar.

Con un poco de suerte quizás algún día el edificio de los Jerónimos se llene de la parte invisible del Prado. Deberían ver la luz, esas salas vacías del cubo deberían llenarse. Más de 400 años de pintura unidos por miles de escalones desgastados, de ascensores que se han quedado algo pequeños, de rincones perdidos, de cuadros de un Tiziano a sueldo de Felipe II y Carlos V, de un Goya alucinado por la guerra, de los enanos inimitables de Veláquez, de los monjes de Zurbarán, de ese caballero español enjuto, grisáceo y místico con la mano en el pecho que es uno de los más copiados por los pintores amateurs que llegan al Prado, del sueño de Jacob que pintó Ribera, del retrato de Durero o de la pieza maestra que tantos y tantos simbolistas han observado hasta la náusea, ‘El triunfo de la Muerte’ de Brueghel el viejo, emparentado con ‘El jardín de las delicias’ del grandísimo Bosco, uno de los preferidos de Felipe II. Sea como sea de larga la zancada, probablemente el holandés se quedó corto.

 

 

Reportaje – Anges Obel

ertyret

La música de Obel suena como atravesar un camino en medio del otoño: puede parecer cursi, pero es como un lametón en los huesos. Con apenas un discos y varios singles ha conseguido abrir brecha de nuevo desde el norte de Europa

 

Por Luis Cadenas Borges

Este texto es una manía personal, tal cual, y por eso se enreda como una espiral alrededor de una columna. Porque cada uno tiene sus tics, manías, neurosis y gustos. Así que allá vamos. Todo empieza por una serie de palabras: Escandinavia, clasicismo, serenidad, misticismo. Puede que amor a la tierra. Son los elementos que dan vida a muchos de los productos empaquetados en forma de música que caen desde las alturas del Gran Norte europeo. Entre Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia y ese rincón perdido llamado Islandia sólo desembarcan en el castigado continente canciones y libros de novela negra que se pasan tres pueblos en cuanto a virulencia y agonía psicológica. El señor Bergman y su existencialismo quedaron muy atrás en el tiempo y el espacio. Allí sólo existe algo llamado “tranquilidad argumental”, en las antípodas artísticas del fariseísmo mediterráneo que tanto caracteriza este lado del mundo.

Agnes Obel es, con apenas un disco, ‘Philarmonics’, publicado el año pasado por PIAS, un buen ejemplo. Además, ya es disco Doble Platino, por si sirve de algo. En el otoño pasado cruzó España para dos conciertos en Madrid y Barcelona para presentarse en sociedad, buscando quizás seguidores entre tanto oído destrozado de bares de pachangueo y el soberano desprecio a la música que impera en espacios públicos. Y todo eso con sólo un piano, un arma y un violonchelo. Simple y sólido.

Suele ser poco frecuente darse de bruces con un sonido que puede reflejar a la perfección una parte del espíritu de alguien. Cuando llega ese instante en el que cada canción es casi perfecta para unos oídos y para otros sólo es un ruido bien acompasado. Es el sonido de la quietud, que pictóricamente se parecería a dar un paseo vespertino por una campiña en pleno otoño, cuando el dorado, rojo y naranja hace el mundo algo sepia y taciturno, poético. Lo que está pensando es cierto: “cursi”. Es el primer reflejo del cerebro, echarse para atrás y pensar que esta nórdica de cabellera rubia oscura, ojos azules y ademanes sumamente tranquilos, inseparable del piano, es precisamente la quinta esencia de la cursilería.

Nada más lejos de la realidad: es un lametón, húmedo, suave, y que a los melómanos les pondrá la carne de gallina por lo mucho que se parece a los sonidos que han mamado desde pequeños. Al resto no les gustará, pero al encontrarnos con ella y su música, con su escueta carrera pero muy acertada, suena una campana. Todavía hay esperanza para una música elaborada, que se sale de lo normal, que besa más que golpear, que aunque pueda repetir estructura (corrige eso, Agnes, varía un poco más) es por lo menos diferente. A trozos recuerda a las españolas Boat Beam y su forma de usar instrumentos clásicos para crear atmósfera. Sin embargo, ella supera con esa voz profesional de referencias clásicas cualquier mohín indie imaginable, dejando atrás esa etiqueta que se le pone a cualquier cosa que se salga por la tangente de lo habitual. Tirar de clasicismo se convierte en una revolución. Así estamos de perdidos.

Igualmente, resuenan los ecos de algo más meridional como es Yann Tiersen. Entre las teclas del piano de Obel se cuela la larga sombra de ‘Amelie’. Sin embargo ‘Philarmonics’ también tiende otro puente hacia otro disco que pasó sin mucha pena ni gloria pero que es una joya tallada con mucho mimo, ‘Vexations’, de Get Well Soon, una maravillosa anormalidad berlinesa donde el recitativo poético se mezcla con el fondo orquestal y la música pop a partes iguales. Recuerda mucho ese aire de perdición septentrional que pone a todo el mundo a la altura de un suspirante Bécquer. A años luz de nada de lo que se hace, haya hecho o pueda hacerse en España. Y ahí es donde se coloca Agnes Obel: fusión entre la dimensión clásica formal, tanto en instrumentos como en organización vocal, pero son otro tono, tan cerca de veces de la poesía que no podemos dejar de pensar que es una caja de música antigua. Una delicia, para paladares selectos dispuestos a darle a la música una oportunidad y amarla, no tenerla de fondo como si fuera una compañía más contra el silencio.

 

Reportaje – A la sombra de la piedra dorada

cinematógrafo

A finales de 1897, el cine llegaba a Salamanca siendo sólo un experimento científico que permitía capturar la realidad en movimiento. Apenas se vislumbraba su capacidad para acabar convertido en la mayor fábrica de ilusiones del siglo XX. Tampoco se podía esperar que medio siglo después fuese en Salamanca dónde el cine español decidiese dejar de ser sólo entretenimiento para convertirse en arte.

 

Por Nerea González Pascual

Esta historia comienza una tarde de primeros de diciembre de 1897, quizás con un pequeño grupo gente congregada en torno a un cartel en la entrada del teatro Liceo. Allí se anuncia la presentación de un aparato que, bajo el sello de la casa Lumière, permite captar ‘fotografías en movimiento’. Sólo se trata de una diversión más, casi una excentricidad, pero había sido anunciada a bombo y platillo como un espectáculo prodigioso que debía ser contemplado por todas las gentes de buen gusto. Un jueves 9 de diciembre, el milagro del cine llegaba por primera vez al gran público en Salamanca.

El responsable de aquella primera gran sesión era un bejarano, Augusto Márquez, que llevaba ya algunos meses realizando exhibiciones en su localidad natal. Éste no sólo se había hecho con la licencia de utilización del cinematógrafo en sesiones públicas sino que ese mismo año se puso detrás de la cámara para convertirse en el primer realizador salmantino. Una vista animada de las lavanderas del Tormes es la réplica charra de la ‘Salida de misa de 12 del Pilar de Zaragoza’ (Eduardo Jimeno, 1896), considerada hasta la fecha la primera película rodada bajo firma española.

 

Durante estas primeras décadas de cine, Salamanca sería escenario de un puñado de rodajes tales como el de ‘La mesonera del Tormes’ (José Buchs, 1919), ‘El Niño de las Monjas’ (José Calvache Walken, 1925) –la primera obra de ficción argumentada filmada en la capital– o ‘El Lazarillo de Tormes’ de Florián Rey (1925). Estamos a tan sólo dos años de que el terremoto del sonoro revolucione para siempre el cine en Hollywood y por el camino se habían quedado otros tantos proyectos, incluido el que hubiera bautizado como cineasta al fotógrafo Venancio Gombau con una vista de la Sierra de Francia.

Esos años de transformación vieron pasar a Buñuel por La Alberca de camino a Cáceres en 1932. El falso documental ‘Las Hurdes. Tierra sin pan’ arranca provocador con imágenes de la localidad que sitúan a la España de las provincias en algún punto entre el primitivismo y el púlpito de la Iglesia. El medio rural ofreció a los cineastas buenos escenarios para rodar desde documentales, a ficciones costumbristas o películas de época. Pero ya muy lejos del surrealismo de Buñuel, los títulos más destacados que pasarían por Salamanca durante las siguientes décadas serían ‘Marcelino Pan y Vino’ (Ladislao Vadja, 1954), ‘Ama Rosa’ (León Klimowsky, 1960), protagonizada por Imperio Argentina, o el film que convertiría por primera vez a Joselito en ‘El pequeño ruiseñor’ (Antonio del Amo, 1956). Muy moderno todo…

En realidad, sí. Al margen de la industria cinematográfica más cercana al franquismo, en España una generación de nuevos realizadores –más cinéfilos que nunca– comenzaba a buscar la inspiración en el modelo de arte y ensayo. La influencia del Neorrealismo Italiano fue el prólogo de la entrada mundial del celuloide en la modernidad a través de lo que se conocería como el movimiento de los ‘Nuevos Cines’. En España, a las ganas de explorar las fronteras del lenguaje se unía la necesidad de salvar la censura sin renunciar al compromiso de denuncia de la realidad social de la dictadura. Y es precisamente aquí, en Salamanca, donde la gente de la gran pantalla se reunió para formalizar también su propio Nuevo Cine.

En el año 1955, un joven procedente de Lumbrales licenciado en Filosofía y Letras y titulado en la Escuela Oficial de Cine de Madrid, consiguió organizar en la Universidad de Salamanca un encuentro entre las más importantes figuras del cine de la época. Aquel cineasta era Basilio Martín Patino, el responsable de obras como ‘Mis queridísimos verdugos’  (1973) o ‘Canciones para después de una Guerra’ (1971). Pero sobre todo, hablar de Martín Patino es hablar del director que convirtió la imagen de Salamanca en icono con ‘Nueve cartas a Berta’ (1965).

Aquellas I Conversaciones sobre el cine español fueron un gran foro de discusión artística, concebido por Ricardo Muñoz Suay, que agrupó a profesionales del rodaje y de la crítica pero también de todos los signos políticos: desde Juan Antonio Bardem a Sáenz de Heredia, pasando por Berlanga, Fernán Gómez o José María García Escudero. Las conclusiones que de allí salieron fueron en definitiva los principios que definirían el Nuevo Cine Español de las próximas décadas: la necesidad de aumentar la calidad artística haciendo más cine de autor en vez de limitarse al cine industrial, legislar la censura –que hasta entonces consistía en normas no escritas que aplicaba el censor de turno según su particular criterio– y en tercer lugar, la obligación de recoger la tradición cultural española. En Salamanca, el cine español decide quitarse los complejos para convertirse en arte pero también en un arma en dirección contraria al paraíso de ficción social que tanto se había esforzado por crear la industria.

 

Las exposiciones clave de 2012

arte_contemporaneo.-merello._torero_al_atardecer(92x60)

2012 es año de vacas flacas, pero los grandes centros culturales españoles se preparan para seguir teniendo peso cultural. Y lo hacen “tirando de lo que hay”: colecciones propias, préstamos a cambio de favores institucionales, unas piezas por otras, monografías esponsorizadas, captación de itinerancias ajenas… porque siempre será más fácil convencer a otros para que ocupen tu espacio que no generar producciones propias. Estos son los museos y sus exposiciones preparadas.

El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Madrid):

Hans Haacke (del 14 de febrero al 23 de julio); James Coleman (del 24 de abril al 27 de agosto); Rosemarie Trockel: ‘Un cosmos’ (del 22 de mayo al 24 de septiembre); ‘Espectros de Antonin Artaud. Lenguaje y Arte en los años cincuenta’ (del 18 de septiembre al 17 de diciembre); María Blanchard (del 16 de octubre de 2012 al 25 de febrero de 2013). Colectivas: una centrada en los años 30 alrededor de Fotografía y Publicidad, Exposiciones Nacionales e Internacionales, Abstracción, Surrealismo, Guerra Civil y Realismo.

El MACBA (Barcelona):

Exposiciones transversales que pretenden ampliar “episodios esenciales de la producción estética y discursiva de nuestra historia del arte más reciente”, como ‘Centre Internacional de Fotografía de Barcelona, 1978-1983’ (del 27 de enero al 20 de mayo de 2012) o ‘Assemblages/Déconnage’ (de octubre de 2012 a enero de 2013). Individuales: Luis Claramunt, Ferrán García Sevilla o Gordon Matta-Clark, Rita McBride o Lawrence Wiener.

El MUSAC (León):

Exposiciones alrededor de Azucena Vieites, Félix Curto y Miki Kratsman (del 28 de enero al 3 de junio) copan el primer y duradero ciclo expositivo del museo para 2012, uno de los que más recortes ha sufrido en los últimos años.

El ARTIUM (Vitoria):

Con un presupuesto de 4,5 millones de euros ha programado una exposición sobre el ‘Guernica’ de Picasso y su proceso creativo, y las individuales de Regina José Galindo, Ignasi Aballí y Alfredo Álvarez Plágaro en el primer semestre. Respecto al resto del año el museo expondrá su colección en la totalidad de las salas con el fin de dar a conocer mejor sus fondos aprovechando su fecha de aniversario. A falta de ideas, colección propia.

El CAAC (Sevilla):

Las muestras monográficas protagonizan su programación de 2012. Se podrán ver muestras de Rafael Agredano (del 26 de enero al 13 de mayo), Catarina Simão (del 23 de febrero al 3 de junio), Maryam Jafri (del 23 de febrero al 17 de junio) o ‘Fiona Tan. Punto de partida’ (del 22 de marzo al 24 de junio).

Otros museos:

El MARCO de Vigo, el CAAM o el Es Baluard inician la temporada con muestras itinerantes como ‘You are not Alone’, ‘Desbordamiento de Val del Omar’ o’ Esther Ferrer. En cuatro movimientos’, respectivamente.

Reportaje – Thunderbolt, la conexión ultrarrápida

Sin título

Intel desarrolla el sistema de transmisión de datos Thunderbolt y es el penúltimo paso antes de saltar a la Thunderbolt, que sustituye al USB tradicional en Apple la transmisión inalámbrica

Una vez más, ha sido Apple (ya veremos si después es tan fiera y revo­lucionaria) la que ha dado el primer paso para decir adiós al USB. Ahora que hasta los móviles tenían sus puertos USB, que todo el mundo se había acostumbrado, nace otro sistema que en realidad es un puente: entre los cables de siempre, el soporte físico de transmisión de datos, y el futuro inalámbrico y sin cables. Lo que el Wifi ha unido, que no lo separe el hombre anticua­do. Pero mientras se solucionan esos proble­millas (toda transmisión inalámbrica se enfrentará siempre a otras ondas que puedan cortar la señal o directamente a fallos que no presenta un cable) de cara al consumidor, aparece Thun­derbolt.

El invento es de Intel, nueva aliada firme de Apple para algo más que los proce­sadores, y que ha ido directa­mente a los nuevos MacBook Pro de la manzana de San Francisco. Thunderbolt es un sistema multiprotocolo capaz de transmitir datos y energía a gran velocidad. Dos en uno. El USB ya lo hacía, pero sólo con determinado tipo de periféricos. Otro dato más: el USB se ha quedado “lento”, aunque ya está en marcha en EEUU la instalación del USB 3.0. Thunderbolt hace lo mismo, cierto, pero a 3 gigas por segundo de velocidad: el ordenador que usted está usando ahora mismo, con el universalmente acoplado USB 2.0, intercambia datos a 480 megas por segundo. Es decir, un Ferrari frente a un Skoda. Tal cual. Y en un mundo donde la potencia es vital, donde el lema olímpico de “más alto, más lejos, más fuerte” es ley de vida, ser más rápido es una ventaja a tener en cuenta.

Mucho más que rápi­do, ya que el nuevo sistema permite acelerones conside­rables. Lo de los tres gigas por segundo (hagamos un cálcu­lo: eso es la discografía entera de Bob Dylan, en mp3, en dos segundos como mucho). El nuevo sistema de conexión de Intel es capaz de trans­ferir hasta 10 Gbps a través de dos canales simultáneos, esto es, que puede enviar y recibir datos a la vez, lo que le da una ventaja fundamental frente al unidireccional USB, además de conectar varios dispositivos en cadena. Al ser multiprotocolo no está limitado exclusivamente a un tipo de función. Por ejemplo, en el caso de Apple el mismo puerto Thunderbolt es tam­bién la conexión de pantalla. Se podría conectar el ordena­dor a un disco duro externo y este a su vez a un monitor y la propia conexión sería capaz de dirigir los datos hacia el periférico concreto.

Como guinda del pastel, Thunderbolt permite transmitir hasta 10 vatios para alimentación de dispo­sitivos: es el mejor ayudan­te para el usuario. La idea original de Intel era utilizar fibra óptica para la transmi­sión de datos, otra frontera futura que debería ser proba­da y traspasada no más tarde de 2015 y generalidad para pocos años después. Dentro de la compañía, Thunderbolt es el primer paso en el pro­yecto conocido como Light Peak, pero por ahora sigue funcionando con cobre, lo que perpetúa la dependencia de soportes metálicos con todas las limitaciones que eso supone. A lo mejor Thunder­bolt acaba convirtiéndose, de verdad, en el último cable que usaremos antes de que todo pase a ser inalámbrico pero por ahora esto es sólo un pequeño primer paso que en cuestión de varios años podría generalizarse, un sistema puente que gracias a su bidireccionalidad y mayor velocidad termine por ser otra distinción de fábrica de Apple y de cualquier otro que se alíe con Intel.

Y las baterías

En el paso intermedio estarán otra de las puyas de los ordenadores y demás sistemas: si no es la transmisión por USB, ahora también será el tema de la autonomía, que daría para otro reportaje futuro. De momento el margen de maniobra es de 7 a 10 horas para Apple, 14 para Sony y unas brutales 30 horas para Lenovo, siempre y cuando exista ese alimentador externo de su sistema. El T420s de esta marca consigue estar más de un día entera lejos de los enchufes, pero con esa ayudita de un buen amigo en forma de batería perifé­rica. Mientras las baterías sigan siendo de litio, va a ser complicado superar estas marcas. Es el siguiente paso de empresas como Intel, pero también de Apple, de IBM y del resto de compañías.