Basura que orbita nuestra planeta, satélites inactivos, piezas sueltas, restos de los programas Apolo y de los soviéticos, desde metal a plásticos: y es un problema serio que busca solución. 

Para que el lector comprenda lo importante que puede ser tener cerca de 17.000 objetos sin control flotando ahí fuera, baste imaginar esta imagen: un trozo de metal desprendido de un satélite inactivo viaja a toda velocidad en órbita (a veces a decenas de miles de km por hora) y comisiona con uno de los satélites que crean el sistema Galileo que coordina nuestros teléfonos móviles. Le alcanza justo en la zona más sensible y lo inhabilita. Podría incluso caer parte de la línea de comunicaciones en Europa. Se subsana, claro, pero es un riesgo tremendo cuando hablamos de sistemas que cuestan cientos de millones de euros.

Otra imagen peor: trozos más grandes de una misión anterior se dirigen a la ISS (la Estación Espacial Internacional) y la alcanzan provocando desperfectos muy graves y poniendo en riesgo las vidas de la tripulación permanente de la estación. No sólo es dinero, son vidas humanas. Y cada situación similar es un peligro acumulado que se cierne sobre cada misión espacial. No hay que olvidar que cada sonda o lanzamiento de las agencias espaciales tienen que atravesar esa maraña metálica que da vueltas y vueltas sin cesar a nuestro alrededor. En muchos casos se trata de satélites de comunicaciones o militares obsoletos o inactivos porque, tecnológicamente, han muerto. Incluso una tuerca de un centímetro podría golpear con la fuerza de una granada de mano. Es el verdadero problema del que ya hablamos en 2011.

Tan grave es la situación que todas las agencias espaciales ya tienen planes o ideas para anular esa basura, y que van desde empujarlas hacia la atmósfera y que se pulvericen en la entrada a recogerlas con brazos mecánicos y traerlas a la Tierra para que puedan ser reutilizadas o recicladas. Otra también es agruparla, sacarlas de órbita y lanzarlas de nuevo lejos de nuestro planeta. Por cada astrónomo e ingeniero hay una idea. Pero una de las que más se plantea estas opciones es la Agencia Espacial Europea (ESA). Tanto como para plantear una misión oficial.

Una futura misión europea, dentro del proyecto Clean Space (Espacio Limpio), con una misión-sistema llamada e.DeOrbit, planea captar satélites abandonados a la deriva en órbita. La ESA intenta ir un poco más allá y quiere utilizar tecnologías nuevas que puedan ser usadas luego en otro tipo de operaciones, y baraja opciones muy pintorescas: arpones, tentáculos, brazos robóticos o redes para capturar. Es muy complicado apostar por una sola idea, porque la basura espacial puede tener desde el tamaño de una simple taza de café a ser satélites enteros que desplegados tienen una longitud de varios metros de largo.

En la película ‘Gravity’ se escenifica los resultados de impactos de material en órbita

La única manera de controlar la población de desechos a través de órbitas bajas es eliminar objetos grandes, como los satélites abandonados y las etapas superiores de lanzadores, que suponen decenas de toneladas sin control que en muchos casos son auténticas bombas latentes: muchos de los satélites tienen aún combustible dentro aunque estén desactivados. Y no hay que olvidarse de las baterías solares, cargadas al máximo al no haber atmósfera de por medio y que son también susceptibles de explotar. Las colisiones con el tiempo pueden desencadenar una reacción en cadena terrible de consecuencias impredecibles. Es más, quien más presiona a las agencias espaciales son, precisamente, empresas vinculadas al sistema de satélites y los gobiernos.

El sistema e.DeOrbit, que pesa en total 1,6 toneladas, fue diseñado para “cazar” escombros en órbitas polares entre 800 y 1.000 km de altura; para estacionarse será lanzado por unos de los cohetes Vega de la ESA. El sistema de recolección es escalonado: primero usará las cámaras y sensores para determinar qué objeto recoger, evaluar su estado y empezar el acercamiento. A continuación enganchará dicho cuerpo y lo bajará a una órbita cercana donde, por efecto de la gravedad, el trozo de basura espacial terminará entrando en combustión con la atmósfera. Lo difícil no es localizar y enganchar, lo complicado es que ese enganche no se suelte y conseguir arrastrar consigo el material.

Entre los métodos que han pensado están las redes (que se pueden ampliar para abarcar trozos más grandes), tentáculos mecánicos (como un atraque y amarre que se usa hoy y que sólo supondría adaptar la tecnología actual y que permitiría capturar varios trozos a la vez), brazos robóticos actuales adaptados o incluso los arpones, que pueden ser usados sin necesidad de adaptarse a qué se va a capturar. Más allá de estos métodos mecánicos hay otros diferentes que sólo son teoría: propulsión eléctrica y cables flexibles para hacer el camino inverso, hacia órbitas más altas y así alejar la basura espacial de la zona más problemática.

Simulación de ubicación de la basura espacial en órbita baja