Misión NEO: capturar asteroides, sacarlos de sus trayectorias y dejarlos en órbita lunar o incluso transportarlos a otro sitio para poder estudiarlos. 

Tan complicada es la misión que se ha propuesto la NASA que tiene que realizarla por fases tecnológicas. De momento una de esas fases más complicadas ya está en marcha: encontrar una roca adecuada para su captura y estudio. No es tan sencillo como echar el lazo y tirar de ella; las implicaciones físicas y tecnológicas son muy grandes y la ciencia-ficción es eso, ficción.

El equipo de la misión NEO ya tienen una lista de candidatos de doce objetos que puede ser útiles: tamaño menor y pocos problemas para que puedan ser llevados hasta la Luna y, una vez en una órbita segura, estudiarlos con más tranquilidad. La que ofrece nuestro satélite natural, a escasas 48 horas de viaje de nosotros. Para cumplir con los fundamentos de la misión el objeto no puede ser mayor de 10 metros o adaptarse a otras categorías de tamaño que obligaría a la NASA a usar otros métodos. El estudio de los asteroides podría tener implicaciones muy reales y no tan lejanas en el campo de la minería, por ejemplo, lo que abre la posibilidad de que las misiones sean de capital mixto público-privado y se puedan ahorrar costes.

El encargado de la misión es Lindley Johnson, que aseguró que siguen buscando otros candidatos, pero que los miembros del equipo “continuarán en este nivel los próximos dos a tres años, hasta que llegue el momento de determinar realmente cuál será el mejor objeto para la misión”. El propósito final es poder enviar una sonda robótica que, literalmente, agarre el asteroide y mediante propulsores la lleva consigo fuera de su trayectoria hacia el espacio que hay entre nosotros y la Luna. La razón de ese lugar es sencilla: el asteroide estaría a la distancia perfecta para la cápsula Orion y los nuevos supercohetes que sustituirán a los viejos transbordadores espaciales ya retirados. Todo está previsto para 2021, no antes.

El propósito es que la primera misión sea más tarde, no antes de 2025, ya que la Orion debe ser probada antes, los cohetes utilizados para saber su rendimiento real y así no saltarse los planes diseñados por la NASA y la Administración de Barack Obama y que recogerá el siguiente presidente. Para más adelante el sistema se repetiría para llevar ese asteroide hasta las cercanías de Marte, quizás para 2030 y con la intención de usarlo como punto intermedio para esa obsesión roja que tienen todas las agencias espaciales: “amartizar”.

La misión NEO, al igual que otras paralelas que desarrolla Europa y Rusia, tienen como objetivo poder plantearse un viaje a Marte, servir de escaparate y base de pruebas espacial para sistemas que serían usados en ese futuro viaje al planeta rojo, que es la razón y justificación de fondo de esta segunda carrera espacial internacional (esta vez coordinada entre todos, con la excepción de China y la India, que siguen una línea diferente pero que podrían unirse en el proyecto futuro).

Modelo de cápsula Orion prevista para 2021