El director de cine Juan José Bigas Luna ha muerto este sábado a los 67 años en Tarragona víctima de un cáncer. El cineasta estaba instalado en Virgili (Tarragona), donde había creado junto a su mujer una empresa de productos ecológicos.
El director de cine Juan José Bigas Luna ha muerto este sábado a los 67 años en Tarragona víctima de un cáncer. El cineasta estaba instalado en Virgili (Tarragona), donde había creado junto a su mujer una empresa de productos ecológicos.
Ha muerto Jesús Franco, más conocido como Jess Franco, un mito del cine de serie B de terror o fantástico y que tuvo admiradores como Quentin Tarantino, por poner un ejemplo.
¿Qué pasaría si la humanidad perdiera la capacidad de vivir en espacios abiertos y quedara atrapada en esos edificios? ‘Los últimos días’, con el permiso de ‘Los amantes pasajeros’ de Pedro Almodóvar, es la gran apuesta del cine español en este primer trimestre del año.
No habíamos dicho nada todavía de ‘Los amantes pasajeros’, nueva película de Pedro Almodóvar: ahora, con los datos de taquilla en la mano, sí que podemos decir algo, a la gente le gusta, a Boyero no.
José Asunción Martínez Sancho, nombre real de Pepe Sancho, murió hoy a los 69 años en Valencia, ciudad natal y de donde salió para ser un excelente actor de carácter que marcó toda una forma de hacer las cosas sobre el escenario y delante de las cámaras.
Los Goya no decepcionaron. Premiaron la propuesta cinematográfica más valiente: ‘Blancanieves’, de Pablo Berger, pero no olvidaron reconocer los éxitos comerciales de ‘Lo imposible’ y ‘Las aventuras de Tadeo Jones’. El cine español, fiel a su espíritu comprometido con los problemas de la sociedad, no ahorró críticas, con un fino humor hacia las políticas del Gobierno.
El pulso entre ‘Blancanieves’ y ‘Lo imposible’ se quedó muy igualada, entre otras cosas porque Bayona se llevó el Goya a Mejor Director y apunta ya maneras en Hollywood: dirigirá una superproducción de ciencia-ficción, le entrega el Goya a la verdadera protagonista de aquella historia y electrificó la pantalla con su película.
Viene calentito el tema: los Premios Goya van a ser el catalizador de muchas filias y fobias, primero como escenario para una gran protesta por las situación socioeconómica y política española, pero también por varias decisiones del ministro Wert en relación al cine español.
La películas españolas han conseguido una cuota de mercado del 17,9%, la cifra más alta desde hace 27 años, un récord que suponen 106 millones de euros en taquilla, según los datos provisionales de la consultora Rentrak a 25 de diciembre, informa FAPAE.
Si alguien hiciera una lista de los talentos que podrían sacar al cine español del bucle de historias, estilos y argumentos que tanto ha contribuido a enterrarle sociológicamente, nombraría a Rodrigo Cortés, Kike Maíllo y Álex de la Iglesia. A la espera de que Alejandro Amenábar mueva un poco su vida y su cabeza para otra película, claro.
El resultado de la lista supone que son las locomotoras, gente con nuevas ideas que se salen por la tangente del plato nuestro de cada día de siempre en todo lo referido al cine. Un arte-negocio que se ha quedado sin dinero (por depender tanto de las subvenciones), que no ha logrado restablecer puentes con el público nacional que debería propulsarle si no es con cine de género (negro, ciencia-ficción, terror…) y que en lugar de buscar soluciones patalea y lloriquea sin cesar.
Un cine que no ha entendido que internet es el presente, no el futuro, y si no que se pasen por Filmin y Mitele para que comprendan que en el futuro la gente que consuma sus productos serán ciudadanos que verán los estrenos en pantalla plana en casa conectados con una ADSL rápida. Es algo parecido a lo que le está pasando al libro: habrá un sector del mercado que leerá en digital (quizás un 60%) y otro seguirá fiel al libro de papel (el resto de porcentaje), que será un producto de calidad para lectores “profesionales”. Es como los coches: hay mucha gente que se compra un Seat Ibiza, pero también hay otros (menos) que compran Audi. En el cine debería haber una transición parecida, no victimismo y lloriqueos al estilo de Billy Crystal y Hollywood, que no paran de escupir contra el viento y así las galas les quedan de planas, aburridas, envejecidas y pobres. Adaptarse o morir. Y si no, que se lo pregunten a Cortés, Maíllo y De la Iglesia.