Cambio de tercio en el gusto: ya que Madrid parece una isla en medio de la estepa desértica de sociedades en crisis y sin cultura (subvencionada o de la otra, abotargada), merece la pena fijarse en las instituciones fuera del control del gobierno español (sin un duro). Por ejemplo, el Centro Cultural Coreano, que inició el pasado 5 de enero un largo y ambicioso ciclo de cine de su país, premiado y celebrado por la crítica como uno de los más boyantes del mundo.

