Fin, por ahora, de la historia de amor entre la sonda Philae y el cometa 67P, apenas 57 horas de idilio, de hazaña tecnológica y de futuro si se tiene paciencia.
Fin, por ahora, de la historia de amor entre la sonda Philae y el cometa 67P, apenas 57 horas de idilio, de hazaña tecnológica y de futuro si se tiene paciencia.
Hoy es un gran día para la ciencia, la tecnología y por supuesta para la Humanidad, que se ha demostrado a sí misma que no hay horizonte que se le resista (por ahora).
Resulta que la Tierra no es el arca azul que todos creíamos, que en realidad no es el planeta con más agua del vecindario y que hay una más en la lista, Mimas.
Geología y biología unidas a la perfección: hace 600 millones de años la erosión de una cordillera propició una gran explosión de vida.
Marte se pone serio, o cuando menos los estudios para hacer realidad mandar una tripulación humana hasta el planeta rojo, incluyendo vaticinios negativos del MIT.
Saber qué es la materia oscura sería la clave para entender cómo está estructurado el universo y poder comprender mejor lo que somos y por qué existimos.
Finalmente una de las víctimas propiciatorias de la nefasta política industrial soviética, rusa y humana en Asia Central ha terminado por desfallecer y secarse.
Pocas preguntas de ciencia, y sí muchas de cómo es la ciencia, los científicos, sus intereses y cómo se puede luchar para sacar adelante a la nueva generación de investigadores.
Vini, vidi, vinci. Más o menos eso es lo que consiguió Stephen Hawking ayer durante la presentación de su conferencia en el Festival Starmus que se desarrolla estos días en Tenerife.
Hace poco se cumplía medio siglo de la Teoría del Big-Bang, pero las pruebas que lo demostraban (el llamado “eco primigenio”) de manera fidedigna quedan en entredicho por la misión Planck.